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(F&B 15/9/2010) En España, el caso más habitual es el de una empresa que realiza muchos pedidos en poco tiempo y cuya intención final es desaparecer con la mercancía sin pagar. En Italia, y especialmente en exportación, la usurpación de identidad es el método más común.
En estos momentos, es necesario que las empresas sean más exigentes respecto al control de la identificación y seriedad financiera de sus clientes. La venta a crédito supone un grado de confianza muy alto en el comprador. Ha de tenerse clara la identidad de los proveedores y clientes, aún más cuando son nuevos, así como su capacidad para cumplir con sus compromisos de pago.
El tipo de estafa más común en España
En España, según la experiencia de Coface, el tipo de estafa mas común es el de una empresa que realiza muchos pedidos en poco tiempo, a varios proveedores, y cuya intención final es desaparecer con la mercancía sin pagar. Generalmente, conocen perfectamente el funcionamiento del Seguro de Crédito. Según Coface, los sectores más afectados son productos alimenticios y perecederos (carne y pescado, frutas y verduras, aceite, vino, jamón…), componentes y consumibles informáticos.
Algunos indicios que pueden ayudar a detectar un fraude son:
- El primer contacto se suele producir por teléfono móvil, fax, o desde una dirección de correo electrónico gratuita, solicitando precios que, en la mayoría de los casos, el comprador no negocia. En ocasiones, se puede percibir cierto desconocimiento del sector por parte del comprador.
- El comprador confirma en seguida pequeños pedidos o muestras que paga al contado para generar confianza. Los siguientes pedidos llegan al poco tiempo, siempre por fax o teléfono.
- El comprador utiliza habitualmente empresas antiguas o inactivas, con buen historial en sus balances, lo que le permite obtener límites de crédito con las Aseguradoras de crédito. El Borme o los registros públicos de estas empresas suelen reflejar cambios en los últimos meses respecto a administradores, domicilio social (a veces en calles muy céntricas de las ciudades que no son habituales en empresas de ese sector de actividad), aumentos de capital, depósito reciente de balance… Al vencimiento del plazo de pago, la empresa ha desaparecido y los interlocutores son ilocalizables.
Desde Coface se recomienda que, en caso de no conocer a un cliente o tener sospecha, se averigüe si este cliente es conocido en su entorno profesional o sectorial, si actúa igual con otros proveedores, que se provoque un encuentro presencial con el cliente, y en todo caso, que se contraste la información sobre el mismo.
La usurpación de identidad, más bien en exportación, y especialmente en Italia.
En Italia, según la experiencia de Coface, es más común la utilización fraudulenta del nombre de una empresa que realmente existe. En este caso, el exportador español se encontrará que no tiene un derecho de cobro legítimo contra la empresa cuya personalidad se ha suplantado y que, por tanto, dicha operación de venta no es asegurable ni indemnizable, con lo cual la pérdida queda totalmente a cargo del exportador.
Ciertos sujetos se presentan como miembros de una sociedad conocida -a veces disponen incluso de falsas tarjetas de visita- y realizan pedidos en nombre de dicha sociedad. Utilizan hojas con el membrete de ésta, señalando como lugar de entrega de la mercancía una dirección diferente a la de la sociedad que alegan representar.
Confiando en estar atendiendo un pedido de una empresa conocida, el vendedor procede a solicitar a la aseguradora una cobertura sobre la sociedad indicada.
En muchas ocasiones, los transportistas son contratados directamente por el comprador, y recogen la mercancía adquirida en los almacenes propiedad del vendedor. Durante el trayecto, y mediante una llamada, el conductor del camión recibe nuevas instrucciones acerca de la entrega. Lo más frecuente es que se solicite que el conductor lleve la mercancía a una dirección distinta de la empresa destinataria, por ejemplo, un depósito en otra localidad distinta. Roseline Giraudo, Directora Técnica de Coface Ibérica afirma: “este punto es de vital importancia y la empresa española debe dar instrucciones al transportista de no aceptar cambios en el lugar de entrega sin autorización previa. Así mismo, es imprescindible obtener un CMR o albarán de transporte debidamente cumplimentado con los datos del transportista, lugar y fecha de salida, lugar y destinatario de entrega”.
Habitualmente, la mercancía desaparece. Cuando llega el momento de cobrar el cheque, éste es devuelto por el banco, por carencia de fondos. El exportador español intenta localizar a la persona que hizo de contacto a través del fax o el móvil para pedir explicaciones y, o bien no lo localiza, o bien se encuentra con un contestador automático.
Una vez declarado el impago, se manifiesta que la persona que solicitó el pedido no pertenece a la empresa a la que se reclama el pago quien, incluso, ha interpuesto, o está en trámites de interponer una demanda contra el usurpador en su país. Obviamente, la empresa a quien se reclama el pago, no sólo no solicitó el pedido sino que jamás recibió la mercancía. Por consiguiente, este crédito no podrá ser reclamado judicialmente, ya que la empresa denunciada no tiene obligación de pago, al no haber recibido prestación alguna. El contrato de seguro de crédito, parte del requisito ineludible de la existencia, legitimidad y exigibilidad del derecho de cobro correspondiente.
Coface recomienda que, como método más eficaz para evitar estas estafas, las empresas soliciten la confirmación del pedido tomando contacto directo con la propia empresa y, por supuesto, no fiarse del número de teléfono proporcionado por el intermediario. |