(Noviembre 2008) Después de celebradas las elecciones generales, dediqué parte de mi tiempo a reflexionar y a escribir sobre la crisis financiera iniciada en el año anterior en EE.UU., y la nuestra, la inmobiliaria. Fruto de este empeño fue la culminación de tres trabajos titulados: “Crisis financiera y riesgo de liquidez en banca, Riesgos bancarios y responsabilidad corporativa y El Banco de España y la crisis financiera”, publicados en distintas fechas en Iberfinanzas.
Desde el momento en que, hace muchos años, se autorizó a la banca privada a conceder créditos con garantía hipotecaria, autorización que ya tenían las cajas desde años antes, se inició una fuerte competencia entre las entidades crediticias a la que se conoció por largo tiempo como la “guerra de las hipotecas” y que se mantuvo con diversas modificaciones de las normas aplicables para hacer más fluida la operativa y abaratar los costes.
Sujetos activos de esta crisis son toda clase de instituciones financieras y resulta incomprensible que prácticas alejadas de la ortodoxia en el manejo de caudales propios y ajenos, exigida desde siempre a dichas instituciones, no hayan tenido instrumentos de alarma eficaces.
En cuanto se refiere a las actividades bancarias, no son escasas las normas que las rigen y en cuanto a la asunción de riesgos son muy notables las que contiene Basilea II, pero que no parecen ser suficientemente rigurosas.
En efecto, para la inversión crediticia con garantía hipotecaria habrá de revisarse la exigencia de capital propio, las condiciones de provisiones por impagos y la coherencia entre las características de estos activos y de los pasivos con los que se financian.
En el caso en que la emisión de deuda con garantía prendaria de créditos hipotecarios habrá de revisarse el modo de seguir el rastro de estos activos en ambas direcciones (tomador-emisor).
También habrán de revisarse los procedimientos de valoración de bienes inmuebles teniendo en cuenta las características singulares de los mercados y las expectativas de evolución a medio y largo plazo.
Y todo lo anterior no termina con las causas que exigen la revisión de BASILEA II.
(F&B, 133, octubre 2008) Decía Séneca, hace veinte siglos, que gran parte de la bondad consiste en querer ser bueno. La frase huele a cierto hollín, como el catecismo de la infancia o los consejos maternos que sonaban tan vacíos como los bolsillos del niño que los escuchaba, pero creo que este tema hoy merece cierta reflexión.
(F&B, 133, octubre 2008) El vicepresidente económico, Pedro Solbes, calificaba como "austeros" y "marcadamente solidarios" los Presupuestos Generales del Estado con que el Gobierno nos sorprendía para hacer frente a la crisis en el año 2009.