|
lectura automática de documentos.
Ya a principios de los años cincuenta en los países financieramente más desarrollados, las tecnologías de mecanización disponibles resultaban inadecuados para el tratamiento de operaciones en masa, tales como los cheques, las transferencias, los efectos de comercio, los giros, etc. Los ordenadores aportaron un alivio considerable y permitieron la centralización de operaciones con la entrada mediante tarjeta perforada, cinta perforada e incluso cinta magnética. Pero seguía existiendo el grave problema de la reiterada lectura de los documentos, especialmente de las cifras que representaban el importe de las transacciones y los códigos de los tipos de operaciones y de las cuentas afectadas. Por consiguiente, los procesos no resultaban automatizados en uno de sus pasos más reiterativos y conflictivos por la facilidad de incorporar errores. Evidentemente la tarjeta perforada permitía una lectura automática repetida de los mismos datos, pero era un elemento independiente del documento base que originaba la operación, como es el caso de los cheques o los efectos de comercio.
El proceso de cheques y resguardos de ingreso con caracteres grabados en tinta magnética se inició en Estados Unidos en 1960. Desde entonces todavía no se ha superado el inconveniente que representa la diversidad de tamaños de los documentos para la lectura directa y automática y, previendo los inconvenientes, se orientaron las soluciones sobre la base de normalización de los documentos. Se hicieron intentos, como el realizado en 1956 por la Bell Telephone de Amberes para eludir la diversidad de tamaño de los documentos y que tuvo implantaciones en diversas entidades bancarias, entre ellas el Firts National City Bank, de Nueva York y la Oficina de Cheques Postales de Bruselas. Los equipos consistían en una grabadora sobre banda magnética adherida a una bolsa de plástico que contenía el documento, a partir de cuyo momento el documento viajaba en el interior de la bolsa y era pasado por lectoras de caracteres magnéticos para incorporar los datos a los ordenadores o a las clasificadoras automáticas de documentos. Naturalmente, el sistema no tuvo ulteriores desarrollos puesto que, como fácilmente se aprecia, exigía una manipulación considerable y, por otra parte, no estaba homologado para difusión entre todos los productores de equipos para bancos. Otros sistemas para lectura automática de documentos, investigados en los años 50 y algunos desarrollados posteriormente, fueron los que grababan el propio documento con los datos indispensables, bien mediante perforaciones, bien mediante tinta invisible (fluorescente o tinta magnetizable). En Estados Unidos llegaron a bastante número los cheques extendidos en tarjetas perforadas.
La Asociación Americana de Banqueros de los Estados Unidos, a través del Comité de Mecanización que formaba parte de la Comisión de Administración Bancaria de dicha asociación, designó en abril de 1954 un Subcomité técnico que durante más de dos años estudiaron a fondo los diferentes procedimientos de impresión, codificación y lectura de información que ofrecían los laboratorios de investigación de las principales fábricas de equipos para oficina. El resultado fue la elevación de una recomendación para que se adoptara como lenguaje común más apropiado para el manejo de cheques la impresión con tinta magnética de caracteres arábigos que fueran reconocibles por el hombre y por las máquinas, recomendación que fue aprobada por la Comisión el 21 de julio de 1956. Durante dos años más se analizaron todas las soluciones que se iban elaborando en estrecho contacto con los fabricantes y, finalmente, en abril de 1959 fue aprobado el juego de caracteres magnéticos E13B que se homologó por ABA. Desde 1960 muchos bancos americanos se incorporaron al sistema de tratamiento con lectura automática para el manejo de los cheques cuya utilización se extendió a las Cámaras de Compensación en los años 1961 y 1962. En 1963 la American Standards Association ya había aprobado como norma americana el juego de caracteres y las características de los cheques con banda para marcaje de caracteres magnéticos (X3.2-1963 Print Specifications for Magnetic Ink Character Recognitiony, X3.3.-1963 Bank Check Specifications for Magnetic Ink Character Recognition) que definía el tamaño de los cheques y la línea código o banda para marcaje magnético, así como los campos pregrabados y postgrabados. Los banqueros ingleses decidieron adoptar los caracteres E13B.
Por su parte, en Europa, la Compagnie des Machines Bull desarrolló equipos a finales de los años 50 con lectura automática mediante caracteres grabados magnéticamente, y en 1960 se iniciaron reuniones entre los bancos y otras industrias europeas para seleccionar los juegos de caracteres a adoptar para la grabación sobre documentos bancarios, especialmente cheques y letras. Finalmente, en la Reunión Europea de Automatismo de febrero de 1963 se recomendó la adopción de los caracteres desarrollados por Bull designados CMC-7, que fueron adoptados como norma en septiembre de 1966 por ECMA Standard.
En Estados Unidos se había investigado en la lectura óptica y Farrington desarrolló un juego de caracteres (12L) y equipos a finales de la década de los 50 al igual que IBM que ya tenía para comienzos de los años 60 equipos que realizaban lectura automática de documentos con un juego de caracteres y el lector óptico 1418. El 18-VII-1966 la American Standard aprobó la norma americana X3.17.1966 “Character Set for Optical Character Recognition” que contenía las especificaciones de tres juegos de caracteres de reconocimiento óptico (OCR) denominados A, B y C, así como de las características de impresión y del papel utilizado.
La norma ISO/CEI 7813 en su tercera edición de 1990 mantiene para las tarjetas de transacciones financieras y tarjetas de identificación, la norma ISO 7811/1 1985, sobre las técnicas de registro y en esta norma se incluye la utilización de la norma ISO 1073, de juegos alfanuméricos de caracteres para reconocimiento óptico OCR-A y OCR-B así como los 7- B de Farrington que reproducimos en el subjuego numérico y que son los empleados actualmente en documentos, tarjetas y libretas de ahorro que son leídos automáticamente en equipos de proceso de transacciones financieras.
Naturalmente, existe también la lectura de la información contenida en soportes magnéticos (generalmente bandas) en tarjetas, libretas de ahorro y muy poco sobre documentos. Finalmente, en las tarjetas inteligentes se conserva información en microchips que es leída también en forma automática por cajeros y equipos de autoservicio bancario.
Áreas: tecnología.
|