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facultades de ciencias económicas, creación de.
Las Facultades de Ciencias Políticas y Económicas fueron creadas en España en el año 1943. Por su alto interés explicativo, y por ser muy difícil de encontrar, se transcribe el texto que con ese motivo dirigió Antonio Bartolomé Más a José Ibáñez Martín, ministro de Educación Nacional:
“Distinguido Sr. Ministro y no menos distinguido amigo:
El natural respeto que usted me merece y el que me debo a mí propio, motivan que ni silencie ni le falsee mi concreto pensamiento sobre su resolución ministerial sugiriendo, promoviendo y creando una Facultad de Ciencias Políticas y Económicas tal y como usted la propuso a las Cortes y después la ha estructurado.
El escribirle por correo certificado es para tener la seguridad de que la carta llega a su poder sin peligro de extravío y por si algún día llego a imprimirla ampliando, de paso, los conceptos que ahora bosqueja.
Hoy la censura, dentro del monólogo del Ministerio, no me lo permitiría.
Considere usted, señor Ministro, que estoy en necesidad de manifestarle mi opinión -aunque el Ministerio no me la haya pedido- y lo estoy porque concurren en mí ciertas y especiales circunstancias implicativas de obligación indeclinable.
Tales son las que siguen:
1ª Porque soy el Presidente de la Asociación Nacional de Intendentes Mercantiles, corporación oficial a cuya presidencia me llevaron mis compañeros de carrera y en la que me vienen reeligiendo desde hace veinticinco años, en que se fundó aquélla.
2ª Porque ocupo el número 1 en el escalafón de catedráticos de Escuelas de Comercio, carrera que, dígase lo que se diga, y preséntese como se presente, acaba de ser yugulada.
3ª Porque la Facultad que acaba de crearse, lo es de "Ciencias Políticas y Económicas", y soy el único Catedrático que existe de "Fomento de la producción y del comercio nacionales", asignatura libre de la Intendencia, de espíritu investigativo y crítico, sinónima en su acepción y contenido, de "Política Económica de España".
Le adjunto programa al que me vengo ciñendo desde hace cerca de treinta años en que se me encargó de tal Cátedra, y el cual, desde entonces, va precedido de un breve y explícito intróito, base de su materia, en el que podrá usted leer lo que sigue:
"Su finalidad (me refiero a la asignatura) es de orden elevado político-nacional, en el sentido patriótico de esta acepción, siéndolo por lo oportuno de dar vida para los trabajos públicos a un plantel de idóneos, futuros funcionarios y aun futuros actuantes de la alta gobernación directora española, preparados en lo que al ramo de iniciativas, científicamente contrastables se refiere".
4ª Porque ni acepto ni aceptaría, ni en comisión ni en propiedad, ni bajo forma de otra clase, ninguna Cátedra de la Facultad creada, dada la contextura orgánica que se ha dado a ésta.
Creo que, al haber declinado la oferta del señor Barnés, cuando dicho señor durante la República tuvo el pensamiento de crear una Facultad de "Ciencias Económicas", y me llamó espontáneamente a su despacho del Ministerio para ofrecerme una de las enseñanzas de dicho Centro, dice ya por sí lo bastante sobre cuál es mi modo de pensar y de actuar sobre el asunto.
Además, dentro de muy poco, en cuanto pueda, abandonaré voluntariamente el profesorado, y si en estos precisos momentos, dada la creación de la Sección de "Ciencias Económicas", no pido la excedencia, es sencillamente y llanamente porque en la actualidad no poseo otro modo de vivir. Tengo hijas y he de mantenerlas.
Iré a América, desde donde me vienen llamando. Porque, conforme usted ya conoce, en Méjico, durante la segunda vez que allá estuve, pude conseguir se creara una Cátedra oficial y universitaria de "Historia de España", de asistencia obligatoria para el Magisterio y reivindicativa de nuestra muy grande obra colonizadora (fue cuando me recibió en sesión de pleno el Claustro Universitario de aquel país), porque en Cuba promoví y logré, entre otras cosas, la constitución de la Cámara Oficial Española de Comercio, la que luego, durante la pasada guerra europea, propuso y consiguió en nuestro país el puerto franco de Cádiz, antecedente éste para la concesión de los demás puertos análogos, entre ellos el de Barcelona, porque en Argentina tuve la suerte de realizar tal labor pro interés de nuestra patria, que las Asociaciones españolas allí radicadas e integradas por más de un millón de compatriotas, me designaron su Delegado en España por transferencia de poderes.
Lo anterior se lo digo sin más alcance que el suyo propio.
5ª Porque se trata de una Facultad de Ciencias Políticas y Económica, y yo -Catedrático no universitario- fui el iniciador, hace veinte años, de que se fuese al estudio de un plan orgánico de la "Constitución Económica de España", cuyo índice, al efecto, hube de confeccionar, y porque esta iniciativa mía de aquel entonces es la propia que en la actualidad ha recogido la Vicesecretaría de Ordenación Económica con la organización que prepara del III Congreso Nacional Sindical para ocuparse precisamente de tal plan.
6ª Porque también hace muchos años, cuando José Antonio era un joven estudiante y ni Musolini ni Hitler habían lanzado sus famosos programas, yo -Catedrático no universitario-, reiteradamente y con mociones escritas que morían en el vacío ante la incomprensión de los gobernantes y los egoísmos de los gobernados, propuse y repropuse al Consejo Superior de Fomento los postulados de una necesaria intervención estatal antisocialista y anticapitalista, nervio de nueva política a seguir en materia económica, y porque esta política constituye hoy las predicaciones de los actuales gobernantes españoles.
En los archivos de aquel antiguo Ministerio y en las actas de aquel desaparecido Consejo (a cuya Comisión Permanente pertenecí durante años seguidos y a cuyo Consejo Superior no fui llevado por disposición graciable gubernamental, sino a requerimiento colectivo del propio Consejo reunido en reunión de Pleno) se contienen todas y cada una de las iniciativas escritas y razonadas, regulación estatal de industrias, consorcios entre el Estado y las empresas privadas, participación de las clases obreras en los organismos públicos, hasta el actual régimen, reservado sólo a la clase capitalista, formación de Imperio a base racial, que es el único modo de que no sea una frase vacía, etc., etc. Algún día compilaré, comentándolas, todas y cada una de aquellas nociones, y de cómo fueron y han sido entendidas por nuestras sucesivas gobernaciones.
Yo -Catedrático no universitario- propuse, antes que otros, la propia política que habrá de regir en todo el mundo una vez termine la guerra, gane ésta quien la gane.
Que una cosa es la dictadura política y otra cosa es la dictadura económica, conceptos que muchos involucran y que pueden muy bien darse separados. También las democracias habrán de sostener sus respectivos nacionalismos al amparo del intervencionismo regular estatal.
7ª Porque se trata de una Facultad de Ciencias Políticas y Económicas y yo -Catedrático no universitario- fui quien en tiempo de la República sacó de su marasmo a las clases terratenientes, atemorizadas al principio de la dictadura de Azaña, Largo Caballero y demás afines sectarios.
En el Debate y en el ABC de 1932 se contiene información copiosa sobre la Asamblea Agraria que bajo mi carácter de Presidente electivo de la "Sección de Ciencias Económicas" del Ateneo de Madrid, promoví, organicé, presidí y mantuve durante los meses seguidos que hizo falta, frente a la constante presión y coacción del señor Azaña, Presidente en aquella fecha y al propio tiempo de la Junta de Gobierno de dicho Ateneo y del Consejo de Ministros.
8ª Porque a pesar de todo lo anterior, no debo ni debí jamás cargo alguno a favor oficial. Ni a la Monarquía. Ni a la República. Ni al Régimen vigente. En las postrimerías de la monarquía, puede ser Ministro y no lo quise ser. El señor conde de Romanones, quien me avisó a su casa, puede aseverarlo. Durante la República, cuando formó el señor Lerroux el efímero Gabinete de técnicos, también pude ser Ministro, y no lo quise ser.
Los distintos cargos que he desempeñado hasta la fecha lo fueron siempre, unos y otros, o por elección de corporaciones o por propuesta de organismos o por requerimiento colectivo de entidades.
Y porque ello -y éste es el motivo de aducirlo- me permite enjuiciar, libre de trabas, los problemas que atañen a la política económica española, entre otros, los del sector docente en el aspecto concreto al que se contrae la presente carta.
Motivo de no visitarle
Es muy sencillo. No quiero exponerme a no ser recibido.
Recordará que hace bastantes meses, alrededor de año y medio, deseé hablarle y no pude lograrlo.
Era para documentarle sobre el proyecto de una Exposición o Museo permanente del mundo hispánico, redactado por don Carlos Buigas, autor también del gráfico del estudio, quien me había entregado una copia de su trabajo para que la hiciese conocer en las esferas oficiales de Madrid, aunque vivo apartado de las mismas.
Le envié a usted el proyecto por mediación de uno de sus entonces secretarios, por don Luis Manzanares, y aun me parece recordar que también le remití fotocopia de determinada carta del que era a la sazón alcalde accidental de Barcelona. A los pocos días de la remisión le mandé a usted un E.L.M. solicitando día y hora.
Ni siquiera obtuve respuesta.
Otro de los ejemplares del señor Buigas se lo entregue por aquella fecha al que era Canciller de la Hispanidad, señor Halcón, con quien celebré detenida entrevista, al que le pareció de perlas el proyecto, y quien quedó en hablar del asunto con el Presidente del Consejo de la Hispanidad, que lo es, como nato, el señor Ministro de Relaciones Exteriores.
El señor Halcón, tras su conferencia con el señor Conde de Jordana, hubo de escribirme diciendo que el Museo Permanente no lo estimaba oportuno por motivo de la guerra.
Sé -pues así se me dijo y así lo hice saber- que el Ayuntamiento de Barcelona hubiera cedido probablemente para el Museo muchos de los edificios y obras de Monjuich procedentes de la Exposición Internacional de 1929, entre los mismos, el denominado "Pueblo Español", el estadio, los jardines, las instalaciones luminosas, el Palacio Nacional, etc., en junto, cerca de un centenar de millones de pesetas, que pudieran calificarse de gastos de primer establecimiento y no había consiguientemente que desembolsar. Los catalanes creen por su proximidad al centro de Europa, por ser Barcelona puerto de mar, por su industria, por su comercio con América, por haber sido aquella capital el lugar que escogieron los Reyes Católicos para recibir a Cristóbal Colón a su regreso del descubrimiento, es, entre todas, la capital condal, el sitio más apropiado para un Museo o Exposición Permanente de este tenor.
Y más adelante, después de algunos meses de haberle a usted enviado el proyecto, usted, bajo su carácter de Ministro, decretó la construcción en Madrid de un Museo análogo, lo cual resultó, por cierto, no concordando con la que me había escrito el señor Halcón tras su entrevista con el señor Conde de Jordana.
Desconozco lo que pensarán los catalanes sobre lo ocurrido, dado el paralelismo de sitios, de medios y de circunstancias, y si yo le hablo a usted ahora de esta cuestión pretérita es tan sólo para decirle que después de su silencio a mi petición de visita, no podía exponerme ahora, con motivo de la Facultad, a una repetición de lo mismo.
Su persecución contra la Carrera de Comercio
Con la mejor buena fe ha venido usted despreciándonos desde el primer día.
En la "Escuela de Altos Estudios Mercantiles" -ésta es su denominación actual- se cursan, sin contar por supuesto el Ingreso y sin considerar el Actuariado de Seguros, de especialización especial y de tipo profesional, nada menos que 49 asignaturas, contenidas en nueve años de enseñanzas.
Los facultativos procedentes de sus aulas fueron siendo cada día más, a través del tiempo y por los poderes públicos, reconocidos como colaboradores indispensables para la obra de propulsión de riqueza nacional.
Por ello, por necesidad de una más intensa labor estatal en coordinación y consciencia técnica, fue creado hace algunos años el Ministerio de Industria y Comercio. Lo fue por ley natural de prolongación y perfeccionamiento. Tengo el honor de haber sido quien documentalmente se lo propuso al Gobierno que lo creó y de que la Asociación Nacional de Intendentes Mercantiles, bajo mi presidencia, fuese la que realizara las gestiones con pleno éxito. Al comienzo, nació con la denominación de Ministerio de Industria, Comercio y Trabajo.
Y, es, que una cosa son los tenderos, otra cosa son los contables, otra cosa son los promotores de empresas y otra cosa son los preparados para la más alta función pública de propulsión económica estatal, teniendo todos una propia raigambre científica.
Es cuestión, sencillamente, de grados y de especializaciones.
Le acompaño la moción que presenté en 1921 al Consejo Superior de Fomento sobre creación de un Cuerpo técnico de Agregados Comerciales en las Embajadas, la que, por supuesto, se aprobó unánimemente por aquel organismo selecto superior, que estaba integrado en su Comisión Permanente por los tres Presidentes de los tres Consejos de Ingeniería, el de Obras Públicas, el Forestal y el de Minas, por el Presidente de la Junta Consultiva Agronómica y por mi humilde persona, los cinco como vocales natos, y por algunos representantes de las Cámaras de Comercio, de Industria y de Navegación, éstos, con alguno que otro, como electivos o de nombramiento libre gubernamental. La moción mereció que la dictadura del general Primo de Rivera, en vista de su aprobación y traslado, llevase sus conclusiones sustantivas a la Gaceta de Madrid.
Pues bien, señor Ministro, en el Decreto-Ley, las plazas se reservaron especialmente para los Intendentes Mercantiles, como los más adecuados técnicos. Es decir, no se consideraron a los Intendentes ni como tenderos ni como contables.
Usted siempre -cual antes le dije- tendió a empequeñecer carrera tan necesaria para la función pública.
Ya, no ha mucho, en cierta coyuntura presupuestaria, postergó a nuestro profesorado, colocándole en situación de categoría inferior al de los Institutos de Segunda Enseñanza, séase de la enseñanza elemental, Institutos por su función y profesorado, dignos de todo el mayor respeto y encomio y en los que usted forma parte como relevante Catedrático. Pero es el caso que hasta los Profesores Mercantiles, los que aún no han llegado al grado superior, al de los Altos Estudios, a ser Intendentes, hasta éstos tienen reconocida desde antiguo y por múltiples disposiciones en vigor, la categoría académica de Licenciados en Facultades universitarias, categoría que no alcanzan los Bachilleres como tales Bachilleres.
Adjunta sentencia del Tribunal Supremo.
Las Escuelas de Altos Estudios Mercantiles son equivalentes a las de Ingenieros Industriales. Unas abarcan uno de los dos ramos genéricos de la economía productora, las otras se contraen al ramo restante.
Se ha yugulado a las Escuelas Superiores creando la Facultad de Economía. Y se ha realizado esto en los momentos en que aquéllas están en franco desarrollo.
En estos históricos instantes en todas las grandes naciones del mundo, se preocupan sus más capacitados estadistas del problema económico en relación con la paz futura. Dicen que si ahora emplean las armas de la guerra es para luego emplear las de la paz.
Y hablan constantemente de que cuando cesen las hostilidades habrá que ir a una interacción mercantil entre naciones, haciendo desaparecer las trabas que se fueran creando por los egoísmos suicidas y los miedos precursores a la inevitable guerra.
El problema de la propulsión de riqueza es indisoluble al problema social, y lo es porque el segundo es problema de pan y este problema no se despeja más que solucionando el primero.
Y estas soluciones no las puede dar la Economía abstracta ni la entelequia puramente doctrinal, sino hay que buscarla en la que pudiéramos denominar Economía aplicada: en la entraña viva, donde juegan integrales cuyo conocimiento no se improvisa y que requieren hombres ciertamente preparados que hayan subido la escalera tramo a tramo, comenzando por el primero.
Estimo que usted, señor Ministro, bajo la mayor y más patriótica buena fe, está incurriendo en un error de fondo lamentable.
Fíjese en lo que se dice y en lo que se hace en los países que son fuertes. En lo que se dijo y en lo que se hizo para ser fuertes.
Y esto del error lamentable se lo digo con verdadera pena. Y no como Catedrático de los Altos Estudios de Intendencia y de una Escuela Superior donde se analizan las políticas, tanto española cuanto la internacional, sino lisa y llanamente, como un Juan Español que ama a su Patria.
Proyecto de creación de la Facultad de Ciencias Económicas cuando la República
Durante la República se proyectó por uno de aquellos Gobiernos el crear una Facultad de Ciencias Económicas.
El autor gubernamental del proyecto, D. Domingo Barnés, Subsecretario del Ministerio (más tarde fue Ministro), me citó espontáneamente a su despacho para exponerme su pensamiento y ofrecerme en nombre del Ministro, D. Marcelino Domingo, una de las cátedras de dicha Facultad.
Yo, agradeciendo su oferta, la decliné, por estimar, como estimo, que existiendo los Altos Estudios de Intendencia Mercantil, se iba, tal y como era aquel proyecto, a una duplicidad innecesaria de disciplinas científicas, gravadora del presupuesto nacional de gastos que pagamos todos los españoles y lesionadora de los derechos adquiridos en las aulas.
Siempre creí -y lo sigo creyendo- que la parte "profesional" de la carrera de Comercio, la que capacita a los hombres de empresa, a los técnicos mercantilistas y de la finanza, a los servidores del Estado en las labores auxiliares, donde hay que barajar números, estadísticas y datos geográficos y tecnológicos, está toda comprendida y debe terminar en el Profesorado Mercantil (el Peritaje no es, al fin y a la postre, en este concepto, más que una especie de bachillerato peculiar para llegar a tal Profesorado), y que los altos estudios de investigación político-económica, los que tienden a formar al estadista en nuestra economía pública, están, a su vez, comprendidos en la Intendencia Mercantil, mal denominada con este nombre.
Por creerlo así y por sostenerlo, tuve algunos disgustos con varios de mis compañeros de carrera, que creyeron, bajo prejuicio absurdo, iba a ser en desdoro de lo que constituye la base. En todas las carreras hay tontos.
Nunca di valor, ni me importó, que los estudios de Alta Economía, se denominasen Facultad, Ingeniería, Intendencia o como quisiera denominárseles. La parte pomposa o de forma es de menor importancia que la de sustancia interna o de fondo.
A consecuencia de unas manifestaciones que sobre la diferenciación forzosa formulé por aquella época, en 1936, ante el Claustro de la Escuela de Madrid, concluyó éste, tras ciertas vacilaciones y bajo el imperativo amenazador de disposición gubernamental que acababa de dictarse, por encargarme que concretase mi pensamiento dentro de un informe escrito en que se refutara la medida dispositiva que se acababa de dictar. Así lo hice. El Claustro -a pesar de mi apreciación distinguiendo entre los dos sectores- aprobó por unanimidad el informe por mí redactado, haciéndolo suyo y hasta otorgándome un voto de gracias. Y el acuerdo, que creo se elevó al Ministerio, sirvió para un escrito que a los pocos días redactó la Asociación que existía de Catedráticos de nuestra carrera y que a la sazón era presidida por un primate activo de aquella República, por el Sr. Abad Conde, y el proyecto del Sr. Barnés se fue al cesto de los papeles.
Le acompaño a usted copia del acta de la Escuela, donde se recoge el susodicho acuerdo, aunque presumo que usted ya lo conocerá, porque a su debido tiempo le entregaría transcripción del mismo, como antecedente y para ponerle en autos, el Director de la Escuela, D. Claro Allué, representante de la autoridad de usted en nuestro centro, cual tal Director y quien fue uno de los concurrentes al Claustro.
Es indudable, vuelvo a repetirlo -y estoy en esto plenamente identificado con usted- que una cosa son los estudios propiamente mercantiles, los gemelos en su orden a la Ingeniería Industrial, y de que otra cosa distinta son los de alta investigación, tendentes a preparar los más elevados gobernantes en materia económica. Por ello, en el anterior informe de 1936, en el que hizo suyo el Claustro y luego recogió la Asociación de Catedráticos, dije literal y concretamente lo que sigue:
"Es cierto que hay un orden de conocimientos que se sale de la órbita que pudiera denominarse profesional mercantil: los que tienden a preparar estadistas para la actuación económica, hombres para la gobernación española en las ramas de propulsión de riqueza. Hombres que estudien los diversos sistemas económicos que se vienen ensayando en el extranjero: economía dirigida rusa, economías pseudo dirigidas alemana e italiana, programa presidencialista norteamericano, tendencias actuales del Gobierno inglés, etc., y que analicen nuestro problema hispano ahondando en la entraña viva de los aspectos nacionales y arrancando, al efecto, de los imperativos tecnológico, idiosincrático y geográfico, hombres que vengan, en fin, a poner los jalones de una política española, de la que hoy carecemos.
Pero hasta estas disciplinas se contienen también dentro del período de Intendencia de la Escuela Central de Comercio, ya que en ésta se cursan las asignaturas de 'Política Económica de los principales Estado' y de 'Fomento de la producción y del comercio nacionales' sinónima, la última, en su denominación y contenido, de 'Política Económica de España'.
Desarticúlense ambas asignaturas en las ramas que se estime oportuno, cámbiese la denominación de Intendencia Mercantil por la que se considere más adecuada (la de Altos Estudios Económicos no está mal), vuélvase a conceder a los procedentes de la Facultad de Derecho y de Ciencias la bastante condición para matricularse en tales enseñanzas y otórguese igual derecho a los Ingenieros militares y a los Artilleros, y con ello, el Poder público, habrá realizado un pensamiento nacional y de envergadura".
Conforme usted ve por lo anterior transcrito, estoy plenamente identificado con usted en que hay que distinguir entre estudios profesionales y estudios de alta investigación económica. Entre los que facultan dando "salidas" y los que capacitan con la sola mira patriótica.
Pero es, señor Ministro -y en esto siento no estar ya de acuerdo con usted- que para llegar a los altos estudios de investigación hay previa y necesariamente que pasar por ciertos estudios básicos necesarios.
Usted, comprendiéndolo sin duda, dándose cuenta de que los bachilleres, como tales sólo bachilleres, no tienen la preparación debida, sale al paso, en el "Boletín Oficial", llevando a la Universidad, séase a la nueva Facultad, las propias enseñanzas -aunque no todas- que constituyen la carrera de Comercio en sus dos primeros grados. Unas, bajo la misma denominación, "Geografía Económica", "Principios de Economía Política", otras, con el propio contenido real con que se estudian en el grado superior, "Matemáticas para Economistas". Por cierto, que no me explico cómo pueden estudiarse estas materias sin haber estudiado previamente el "Cálculo Comercial" y el "Álgebra Financiera".
Y con esto, lo que se hace es "suplantar" a toda una carrera que está en franco desarrollo, por otra carrera nueva que está por hacer.
Y es el caso que, en la primera, hoy estudian quizá más de 40.000 alumnos entre libres y oficiales. Se me asegura que tan sólo en Madrid, Barcelona y Bilbao hay alrededor de 20.000.
Y ellos significan 40.000 familias.
Y hay que sumar en la lesión a todos los más millares que ya ostentan títulos logrados a través de los años.
Hay fórmula, señor Ministro, para salvar la suplantación que dejo expuesta.
Los propios alumnos de la Escuela dicen haberla encontrado.
Yo la tengo meditada y creo ha de coincidir con su pensamiento recóndito. Si usted estima que debo visitarle -temo que no- se la diré en dos palabras, valga lo que valiere.
Al Sr. Barnés le di a entender que él, como Ministro, pudiera hacer lo que le viniere en gana, pero que no es lo mismo acción de "gobierno" que conducta de "mando".
Que la primera, en todos los países, cuenta y contará en lo sucesivo y dentro de cada uno, con el concurso y aplauso del país, pudiendo éste manifestarse. Que la segunda sólo dura lo que dura el mando.
Y le añadí, que las motivaciones, sean de la índole que sean, si no se basan en principios sólidos y de armonía, sólo pueden subsistir mientras se posea la fuerza necesaria para sostenerla.
Por qué, en el mundo, la constante mutación de actos colectivos, es hecho histórico de realidad inconmovible.
De usted muy atto. subordinado y afmo. amigo q.e.s.m”.
Áreas: administraciones públicas.
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