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Revista de Finanzas y Banca
Más cornás da el hambre Imprimir E-Mail
Escrito por Juan F. Robles. Editor de la Revista de Finanzas y Banca   

(F&B, 129, mayo 2008) Más cornás da el hambre", le espetó Manuel García Cuesta, "El Espartero", a un periodista que le inquiría sobre su desprecio a la muerte aquel año de 1894 en el que, al fin, la encontró de una mala cornada que le asestó un Miura llamado Perdigón.

Juan F. Robles
Juan F. Robles
En la forma sublime en que de la necesidad hacía virtud, "El Espartero" logró pasar a la historia no sólo del toreo, sino de las frases célebres. Y en este momento financiero en el que se avecina, y ya nos ronda el "hambre", no nos acordamos de Santa Bárbara hasta que truena, y ahora, que está tronando, muchas empresas se acuerdan de que tienen director financiero. Sí, ese señor o señora de confianza, que sabe de cuentas, que es buen organizador, que es la voz prudente de la empresa, pero cuya figura quedaba envuelta en la neblina de los informes financieros y deslumbrada por el sol del director comercial, que todo lo iluminaba, que todo lo vendía y ante el cual la dirección y la organización toda entonaban loas de alabanza. Y ahora quizás se pueda vender mucho, pero el truco está en cobrar lo que se vende como antes. Pero el futuro ya no es lo que era y hay quien ha perdido la confianza de cobrar en el futuro lo que antes "seguro" cobraba, más que nada porque tenía un seguro que aunque ahora asegura, asegura menos.

ImageSegún se ve, la desaceleración está tan desacelerada que va pareciéndose a una crisis de reglamento. Y la realidad, que ni está ni se la espera en el Congreso de los Diputados, es que la mayoría de las empresas están vendiendo menos, cobrando peor y se encuentran con restricciones a la hora de ampliar sus líneas de crédito, cuando no con la petición de cancelar todo o parte y la necesidad de mayores garantías para conservar lo que tienen. Y uno se pregunta por qué no aprieta alguien de una vez el acelerador para que no se desacelere lo que antes estaba acelerado. Será porque no podemos acelerar por ellos o ellos no pueden hacerlo por nosotros, como el conducir.

Con este ambiente ya no sirve el toreo de salón. Ahora el director financiero tiene que bajar al albero, calzar las manoletinas y con la montera bien calada, mordiendo el capote, esperar a que salga el morlaco de los chiqueros en forma de director de banco. Que sale bravo, que pide cuentas saneadas, garantías, avales y una trayectoria inmaculada que echarle al departamento de riesgos. Y a porta gayola, como inventó el Gallo, darle una larga cambiada. Decían que era manso y cómo embiste, dando derrotes a izquierda y derecha que hasta astillas saltan de los burladeros del patio de operaciones.

Todo el coso está pendiente de la faena que haga el director financiero. La financiación, la liquidez, la gestión de pagos, la estabilidad económico-financiera depende ahora mucho más de su gestión. Y con el alma en un puño el respetable ve cómo se arrima, manchándose de sangre la taleguilla. Pero "más cornás da el hambre", ya lo dijo "El Espartero".

El director financiero existe. En los últimos años se creía que era un ser virtual, un híbrido entre el ERP y la Banca Electrónica, un fichero normalizado. Pero no, es un ser vivo; alguien a quien le puede decir que no el banco, porque aunque las entidades siguen teniendo puesto el sí en la publicidad, han colgado el no en la puerta; y el director financiero tiene que atravesar esa puerta y que le cambien el cartel. Un cartel que no es tan difícil de cambiar como el de la última corrida de "El Espartero", pero que no se va a cambiar si no se hace algo para cambiarlo. Es la hora de la verdad, la suerte suprema en la que, recibiendo o a volapié, informe en mano, el director financiero entra a solicitar, y la empresa necesita que ponga su solicitud en todo lo alto. Suerte maestro.

¿Cuándo acabará la crisis?
Dicen que cuando Julio II de Médici preguntaba a Miguel Angel por cuándo acabaría de pintar la Capilla Sixtina, éste le contestaba: "Cuando termine"; y terminó aproximadamente en cuatro años. El Vicepresidente Solbes ha sido algo más concreto cuando ha dicho que esta crisis terminaría sobre 2011, año en que España podría volver a crecer en tasas superiores al 3 por 100.

Para el gobierno es una conveniente duración que le haría presentarse a las elecciones de 2012 con la prueba superada, por eso no sabe uno muy bien si realmente creer al Sr. Solbes porque expresa una convicción técnica o se trata de un deseo sin mayor respaldo. Es preferible no hacer mucho caso a los políticos, porque suelen ser poco leales a la verdad. Lo mismo firman un presupuesto al 3,3 por 100 que a los pocos meses dicen que igual se queda en un 2,4. Vivimos en un mundo tan mediático que acaba por no poder distinguirse entre propaganda y noticia. Es por eso que cuando habla un político deberían poner el mismo cartel que cuando un presentador intercala un anuncio: publicidad.

En todo caso hay razones fundadas para pensar que el momento económico actual va a suponer al menos un par de años de un ajuste bastante duro en general, y durísimo en algunos sectores en particular, que no detallo por no seguir dando la matraca. Así que vamos a creer lo que dice el Sr. Solbes, entre otras cosas porque la crisis acabará cuando termine y siguiendo la metodología empleada por el gobierno, tres años será mucho y uno imposible. Y China al 10,6 por 100 aproximadamente. En China todas las cifras oficiales se dan con un aproximadamente, conscientes ellos de la imposibilidad de la exactitud en un país inabarcablemente inexacto. Quizás el Sr. Solbes debería incorporar a un chino como secretario de estado de inexactitud que fuera el que diera las previsiones macroeconómicas, pues últimamente son de tanta calidad como las que podríamos encontrar en cualquier todo a un euro, antes todo a 100.

 
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