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Los cuatro jinetes de las hipotecas Imprimir E-Mail

(F&B, 122, sep. 2007.) Resulta que el sistema financiero mundial se tambalea porque unos millones de hipotecas se concedieron sin tenerse que haber concedido, principalmente en los Estados Unidos de América. No parece una razón suficiente para tanto lío, pues en principio bastaría con ejecutar los inmuebles, venderlos y recuperar el capital prestado.

Pero resulta que los inmuebles ni siquiera valen lo que se dijo que valían para conceder las hipotecas que no se debieron conceder, ergo buena parte del valor se ha esfumado. Y se ha esfumado porque al subir los tipos de interés, entre otros factores, se compran menos viviendas y hay leyes implacables en economía, siendo la de la oferta y la demanda la más tozuda entre ellas.

Resulta que se han acumulado los impagados en algunas entidades hipotecarias, afortunadamente la mayoría no bancarias, hasta el extremo de hacerlas quebrar. Pero esta circunstancia tampoco parece suficiente para desatar una tormenta mundial, porque estas quiebras hacen perder dinero a accionistas, empleados y acreedores, pero no tienen por qué provocar una catástrofe de semejante naturaleza cuando ni tan siquiera afectan a entidades de primera fila. Lo que pasa es que estas empresas quebradas habían emitido títulos respaldados por las hipotecas que no cobran, y al quebrar estos títulos pierden la liquidez. No parece tampoco que por unos títulos que pierdan liquidez se produzca ninguna catástrofe, en todo caso los tenedores de los mismos perderán algo de dinero. Pero, ¿y si muchos tenedores los han incorporado a sus carteras y han emitido nuevos títulos con ellos que otros sujetos han comprado? Pues que ya empieza a perderse el rastro de qué títulos son buenos y cuáles son malos, gravitando una gran desconfianza sobre los títulos en general emitidos en esas condiciones, y éstos lo son en una cuantía muy superior a los originales hipotecarios. Y aquí empezamos a ver que la desconfianza sí es un grave problema para el sistema financiero.

Cuando no se sabe si se podrá o no recuperar el capital se produce el pánico y todos los agentes intentan salir de las inversiones sospechosas cuanto antes y en tropel, lo que arruina el valor invertido de la noche a la mañana. Y dado que no se sabe quién está sano y quién podrido de títulos de subprime, los bancos han dejado de prestarse entre sí, y ante la ola de ventas masivas en los mercados financieros producida por la desconfianza en los instrumentos, hay quien ha tenido que pedir prestado en los bancos centrales, que ya de paso han prestado a otros que no lo necesitaban y que han aparcado el dinero por lo que pueda ocurrir. Y como se temía que algunos bancos estuvieran afectados, y al no saber cuáles sí y cuáles no, los inversores han hecho caer sus cotizaciones y con el desplome de los índices se ha producido una corriente vendedora que ha terminado por afectar a todos los sectores.

Vivimos en un mundo interconectado, en la aldea global de Marshall McLuhan, en el que nos vamos a tener que empezar a creer que por no clasificar la basura en el chalet se van a derretir los Polos. Y es que ahora, si un granjero no paga su hipoteca en Pensilvania, le deniegan la suya a un informático en Medina del Campo. Las hipotecas, que siempre se habían considerado inversiones crediticias muy seguras, nos traen ahora a los jinetes del Apocalipsis financiero mundial, a saber: incertidumbre, falta de liquidez, restricción del crédito e impagados.

Sólo cabe decir que cuando las cosas se hacen mal lo más probable es que salgan mal, y muchos préstamos se han dado tan mal que necesariamente están saliendo y van a salir mal, lo que pone en evidencia que en lo que atañe a la actividad financiera aún nos queda mucho que aprender de la experiencia. Conceptos como el préstamo responsable (que no permite un endeudamiento excesivo del prestatario), prudencia en la gestión, enfriar las espirales especulativas y no permitir que la actividad financiera se desarrolle al margen de las instituciones financieras supervisadas son algunos de los muchos temas pendientes.

 
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