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La prejubilación de la ortodoxia económica Imprimir E-Mail

(B&F, 123, oct. 2007.) El Señor Vicepresidente del Gobierno y Ministro de Economía y Hacienda es desde el punto de vista político un burócrata tristón y de verbo cansino que rara vez sale de la ortodoxia económica, sobre todo desde su paso por Bruselas.

Y es precisamente ahí donde reside su mayor atractivo, pues, carente de grandes iniciativas, al menos ha mantenido durante estos años una política económica lo suficientemente continuista como para no arruinar en poco tiempo lo conseguido en la última década.

Contrapunto de un gobierno que sin él acumula un conocimiento en economía de dos tardes, ha aportado además la sensatez precisa para meter en cintura las cuentas públicas y la credibilidad necesaria para mantener el prestigio internacional de nuestra economía, resultando un hombre cómodo tanto para la banca como para el mundo empresarial y ampliamente conocido en el extranjero. Con la que está cayendo no podíamos pedir más.

Pero el Señor Vicepresidente parece haberse cansado de pelear, quizás porque piense ya en su jubilación, no en balde ha cumplido ya los 65 años, y firma un Presupuesto que se basa en un cuadro macroeconómico que no pintaría ni Van Gogh en sus momentos de mayor delirio. Con un crecimiento del presupuesto igual al crecimiento del PIB nominal y teniendo en cuenta que apuesta por un crecimiento del PIB del 3,3 por 100, con el que nadie medianamente al día cuenta a estas alturas, la intención real es volver al déficit presupuestario a la chita callando, algo que indudablemente le tienen que haber impuesto desde Ferraz. Así que el Señor Solbes parece haberse traicionado a sí mismo en la recta final de su mandato y le regala a sus correligionarios una fantasía para que puedan hacer de su capa un sayo de promesas electorales y tranquilidad periférica.

Un Presupuesto increíble en los ingresos pero más que creíble en los gastos, que serán los presupuestados más dos huevos duros, como decían los hermanos Marx, pues los gastos sociales aumentarán al deteriorarse la situación económica, reduciéndose previsiblemente el crecimiento de la recaudación fiscal y la de la Seguridad Social.

Normalmente en período preelectoral es la oposición la que rodea al gobierno como los indios rodeaban al General Custer en Little Bighorn, haciendo constantes señales de humo con propuestas que no se sabe si tendrán que cumplir. Dado que en España somos muy originales, es el gobierno el que hace de Caballo Loco y rodea a la oposición con sus propuestas, a cual menos meditada y cuantificada, pero que están ahí acogotando a Rajoy. Y es que si al gobierno le falta estrategia, le sobra táctica. Sólo decir que Caballo Loco gano la batalla y aniquiló a Custer, pero perdió la guerra, y en este paralelismo, la guerra es la prosperidad y estabilidad de todos.

Quizás nos gobierna la generación que escuchaba en su juventud las canciones de Supertramp y queda en su recuerdo esa portada de un bañista tomando el sol y un copazo sobre un vertedero bajo el lema "Crisis, ¿What Crisis?" Con Supertramp sonando a tope no es de extrañar que en el peor momento económico de la última década se hagan los presupuestos más expansivos, agravando las necesidades de financiación de nuestra economía y lastrando el crecimiento futuro. El Gobierno no quiere ver la realidad, no vaya a ser que se enteren los españoles a pocos meses de las elecciones. Pero muchos españoles ya se enteran cuando van a comprar el pan, echan gasolina o pagan el recibo de su hipoteca. Otra cosa es que de todo eso tenga culpa el gobierno, aunque quizás sí la tiene de no haber acometido las reformas precisas en su momento que hubieran podido aliviar las futuras cargas. Pero los votantes raramente pasan factura a los gobiernos por sus omisiones.

Con la prejubilación de la ortodoxia del Señor Solbes se rompe completamente la política económica que tan buenos resultados ha dado en el pasado y nos adentramos en la Champions League económica, en la que me temo vamos a ser eliminados en primera ronda. Y así, en una España carente de líderes aún podíamos descansar en manos de grises burócratas, y dando gracias. Pero es de temer que ya ni eso.

 
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