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(F&B, 127, mar. 2008.) Cuando Antonio de Nebrija eligió para Fernando el Católico el yugo con el nudo gordiano como emblema de su escudo de armas, estaba haciendo algo más que elegir un símbolo que caballerescamente representaba a su dama, estaba, en realidad, diciéndole al mundo que Fernando sería un hombre decidido...
... que resolvería los problemas de cara y desharía el nudo con la rapidez de un mandoble de su espada, como dice Plutarco que hizo Alejandro Magno en la lejana Gordión al plateársele que quien deshiciera el nudo del yugo dominaría Oriente, pronunciando la célebre frase "es lo mismo deshacerlo que cortarlo".
Las entidades financieras se encuentran ante el nudo gordiano de la seguridad, que recibe ataques tanto del interior de las entidades como del exterior. Recientemente hemos podido comprobar cómo una entidad del prestigio de Société Générale ha tenido que reconocer que ha perdido nada menos que casi 5.000 millones de euros, que es como decir que ha perdido el trabajo de todos los españoles durante casi dos días. Y sin que dimita su presidente, de momento, que ya es echarle soltura. Yo humildemente creo que si a un presidente de una entidad financiera le pasa eso debe ser inhabilitado hasta para administrar la hucha de sus hijos, pero doctores tiene la Iglesia y políticos Francia.
La seguridad de las operaciones, la invulnerabilidad e inalterabilidad de los sistemas es crucial para la actividad financiera, en un mundo cada día más sofisticado y vertiginoso en el cual los riesgos se corren en segundos y son tan contagiosos como lo era la peste negra en la edad media, pero a la velocidad de la luz. La gripe aviar da risa frente a lo que provocan unos americanos que no pagan su hipoteca y el mal de las vacas locas palidece comparado con la mezcolanza de instrumentos financieros que pueden comprarse o venderse sin que los controles de riesgos acierten a prevenir de una vez los insospechados, imprevistos e incontrolados problemas que pueden causar. Y esos riesgos no son sólo casuales, que siempre estarán ahí, sino que pueden ser provocados por cualquiera, de cualquier forma y en cualquier sitio.
Me hace bastante gracia leer en algunos correos electrónicos que pase a seguir "el acoplamiento" para introducir las claves de una supuesta cuenta en un banco en que no la tengo y que dicen está bloqueada. Y es que eso de acoplamiento me suena a documental de National Geografic. Aunque si me paro a pensar, resulta que hay por ahí unos tipos que tienen mi dirección de correo electrónico en no se sabe qué sitio con el único propósito de intentar engañarme a mi y a la entidad financiera que les cuadre y que demuestran, además, saber muy poco castellano. Esto último no es óbice ya, pues muchos españoles empiezan a no saberlo tampoco, con lo que aumenta el peligro, si se me permite el sarcasmo.
La seguridad es consustancial al negocio bancario. Si el público comenzó a depositar su dinero en los bancos es porque sabía que ahí estaba seguro. Atacar o no cuidar la seguridad es remover los cimientos del sistema financiero, su función más básica y tradicional, dañando la confianza de los clientes. Y yendo más lejos, que una entidad se deje utilizar para el blanqueo de dinero ya no se tolera por la sociedad, pues el secreto bancario, que antes se ponía como excusa para que las entidades financieras no tuvieran por qué saber qué hacían sus clientes con el dinero, ya no puede extenderse al encubrimiento de actividades delictivas y ya sólo alcanza al respeto a la privacidad de las personas. De esta forma, las exigencias en prevención del blanqueo de dinero se han extendido con normas estrictas a las instituciones financieras y otros agentes económicos, lo que entraña necesidades de formación, concienciación e implantación tecnológica con sistemas cada vez más sofisticados para dar cumplimiento a estas normas.
El terrorismo, el blanqueo de dinero, el crimen organizado sabe hacia donde tiene que ir. Y aunque los estados, los organismos supranacionales y las mismas entidades financieras se están preparando, quizás no sean capaces de vislumbrar el próximo paso del enemigo. El malo malísimo está ahí, a veces tan cerca que ni se le puede ver. Y es tan importante que las autoridades y entidades sigan el consejo de Nebrija como lo fue para Fernando con objeto de que el brillo de la gran Isabel no hiciera palidecer su figura. Así que deben coger la espada y cortar de cuajo el nudo, demostrando al mundo que no volverá a ser posible un anuncio de pérdidas por fraude de esa cuantía. ¿O acaso no fue por fraude? |