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 Jean-Christopher Jardinier (F&B, 128, abr. 2008.) La Zona Única de Pagos en Euro (SEPA) y la directiva de servicios de pagos (PSD) tienen múltiples implicaciones para los bancos. En primer lugar, a nivel operacional, suponen la necesidad de invertir en la adaptación de sus sistemas de pagos.
Pero SEPA y la PSD también tienen un impacto importante sobre el propio mercado de los servicios de pago: con la creación de un mercado europeo único para pagos, se intensificará la competencia. Además, en un mercado en el que los precios constituyen el arma principal para captar nuevos clientes, los bancos deberán considerar adaptar sus políticas de precio para preservar sus ingresos y márgenes.
El peso de la historia
Los sistemas de pagos de los bancos son complejos porque deben ser capaces de procesar pagos efectuados con una multitud de productos (como transferencias, adeudos, tarjetas) utilizados por clientes a través de múltiples canales. Al cabo del tiempo, con la introducción de nuevos productos, nuevos canales, o la adquisición de otras entidades, un banco acaba utilizando una multitud de aplicaciones de pagos muy fragmentadas. En una infraestructura de pagos fragmentada, podemos encontrar distintos sistemas para pagos nacionales o internacionales, pagos urgentes o no, pagos entre empresas o pagos minoristas. Cada uno de estos sistemas se basa en las mismas funciones básicas (validación, cálculo de comisiones, riesgo, autorización…). Pero estas funciones están duplicadas porque aunque hagan básicamente lo mismo, deben implementar pequeñas variaciones en función del producto, canal o entidad considerados. Esta fragmentación hace que los sistemas existentes de los bancos sean muy rígidos.
La necesidad del cambio
En la actualidad, múltiples factores obligan a los bancos a adaptarse a nuevos cambios: entre ellos cabe destacar los nuevos instrumentos SEPA, los estándares ISO20022 y EMV, la directiva sobre servicios de pago (PSD), una creciente presión competitiva, la necesidad de centrarse en el cliente para proporcionarle servicios de valor añadido y la posibilidad de trabajar con socios de negocio para externalizar parte de la cadena de valor de los pagos.
El papel de las reglas de negocio en la transformación de los sistemas de pago
En resumen, el reto consiste en racionalizar los sistemas existentes para adaptarse a estas nuevas necesidades. El lema del racionalismo en arquitectura, según el cual «la forma sigue a la función», es también aplicable en este contexto. Para racionalizar y transformar estos sistemas, los bancos deberán basarse en un conjunto de funciones claramente definidas y reutilizables, como son las funciones de validación, cálculo de comisiones, riesgo o autorización. Se trata de adoptar una arquitectura orientada a servicio (SOA) con el objetivo de domar la complejidad. En esta arquitectura, un sistema de gestión de reglas de negocio (Business Rules Management System o BRMS) permite construir servicios de decisión basados en reglas de negocio, por ejemplo para decidir qué comisión cobran sobre una operación de pago o si un pago contiene todos los datos necesarios para ser procesado de forma automática. Las aplicaciones más corrientes en el contexto de SEPA son la validación de mensajes de pago para gestionar los ratios de automatización (STP), la gestión de mandatos de los adeudos SEPA, la gestión de políticas de precios para adaptarse a la nueva situación competitiva creada por SEPA y la PSD, y la validación de facturas para nuevos servicios de facturación electrónica.
En resumen, un BRMS es una pieza tecnológica esencial que permite a un banco diferenciarse mejor y al mismo tiempo reducir sus costes de procesamiento de pagos. |