La influencia de Basilea II en la gestión del riesgo hipotecario Imprimir E-Mail
Escrito por Ramon Trías, Presidente de AIS, y Antoni March, Gerente de cuentas de AIS   

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Ramón Trías
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Antoni March
(F&B, 126, feb. 2008) Hay quien opina que la actual crisis bancaria es comparable a la de las telecoms de 2002. Parece un momento adecuado, una vez agotado el tiempo de la imparable expansión del crédito hipotecario, para debatir la influencia de Basilea II sobre la gestión del mismo. ¿Hubiera habido una mayor pérdida de confianza en el mercado de no haber existido la recomendación? ¿Ha servido Basilea de amortiguador en circunstancias adversas, graves e imprevistas?

Regulación
Poco después de la aprobación de Basilea II, la banca empezó a trabajar para cumplir con la recomendación. Lo hizo desarrollando modelos de otorgamiento de crédito, entre los que se encuentra en lugar destacado los de crédito hipotecario. Los riesgos operativos y de mercado obtuvieron una menor atención, ya que como su regulación era menos precisa en ese momento, su aplicación fue inferior a la del riesgo de crédito. 

Tras el modelado de otorgamiento, la banca abordó las demás partes de la ecuación de pérdida esperada y capital regulatorio. Era una evolución natural, más con fines regulatorios que de gestión interna, debido a la presión firme del regulador al seguir el nuevo acuerdo con una definición muy precisa sobre estas materias. 

ImageEl primer acuerdo de Basilea (1988) fue aceptado internacionalmente como norma estándar. El actual ha seguido —con algunos contratiempos— el mismo camino. Basilea II es, de facto, un proceso de fortalecimiento de la banca (europea, principalmente). Sus instrumentos son la adecuación del capital, la ampliación del control del supervisor y la transparencia de información en el mercado. El objetivo programático era mitigar la posibilidad de crisis masivas, como las que sucedieron durante los años 80 por exceso de riesgo o desequilibrios en el reparto del mismo.

Gestión
Tras ese primer centro de interés, algunas entidades financieras, interesadas por mejorar su competitividad, se han reorientado durante estos últimos años a la gestión. Esa vocación de gestión está inserta en los principios de Basilea y en las recomendaciones del regulador de forma análoga a como la norma ISO 9000 coloca en lugar destacado de su razón de ser la mejora de la gestión empresarial, tanto (o más) que la propia certificación. Los créditos hipotecarios no fueron una excepción. La estrategia seguida por la banca en los últimos años ha sido la captura de cuota, la generación masiva de cartera. La aplicación de las herramientas propuestas por Basilea II (en el caso español, antes de su aprobación) ha protegido en gran medida la entrada de riesgo masivo de crédito subprime. Efecto del que no se han beneficiado en otros mercados como es el caso de EEUU. Es más, si Basilea II hubiera estado funcionando en los últimos años, probablemente se hubiera evitado incluso la gran densidad de hipotecas de interés variable y los elevados ratios de mercado, que pese a no ser subprime, no pueden calificarse de bajo riesgo en caso de crisis.

Críticas
No cabe duda de que Basilea está siendo un poderoso generador de mejores prácticas en la banca, de potenciación de la orientación al riesgo de las entidades y de fortalecimiento del sector frente a ciclos y circunstancias adversas. Pero hay al menos dos críticas que han surgido a la recomendación de Basilea.
 
ImageLa banca en los países emergentes y especialmente la banca de desarrollo opina que Basilea II ha sido concebida para bancos occidentales y que sus planteamientos ignoran realidades que afectan a millones de clientes y transacciones. Algo de razón han de tener estas primeras entidades cuando en los últimos años prácticamente todas las actividades relacionadas con ellas han ido evolucionando a más. Por otra parte, sería importante que se reforzara la coordinación entre los distintos reguladores: banca, mercado de valores y seguros, de tal forma que no se generaran incentivos perversos como sucedió bajo la regulación de Basilea I, cuya separación de riesgo de crédito y mercado favoreció el crecimiento excesivo de las titulizaciones. Y las titulizaciones de carteras hipotecarias, con la correspondiente dilución de riesgos, han sido un factor multiplicativo a las pérdidas producidas por mora.

Conclusión
Mientras el sistema financiero afronta la crisis subprime, la corriente nacida de Basilea II sigue su curso potenciado por los bancos centrales. Se consolida la necesidad de que el sector trabaje con estándares de gestión y use herramientas orientadas a esos conceptos. Mientras que el acuerdo del capital de 1988 ha sido un catalizador para aumentar el volumen de riesgo durante los últimos años favoreciendo la titulización, Basilea II probablemente hubiese frenado en algún grado la generación y multiplicación de ese riesgo. Es innegable que el sector está dando un salto cualitativo, y el riesgo hipotecario y los instrumentos financieros que lo han utilizado como subyacente han sido uno de los primeros elementos en dar ese salto.

 
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