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(Diciembre 2008) Las medidas del Gobierno van a tener una exigua repercusión en la superación de la crisis financiera y económica y están siendo valoradas por muchos expertos como auténticas operaciones de marketing político más que como acciones con profundos efectos en la economía.
Si se analizan las primeras operaciones del Fondo de Adquisición de Activos se observa la escasa concurrencia de las entidades, que obtienen fondos con menores exigencias de garantías y mejores condiciones financieras en el Banco Central Europeo. Quizás lo que se pretende con el plan es inyectar una liquidez residual más que fomentar el uso por las entidades, ya que el Estado a su vez está muy falto de financiación para atenciones propias. En todo caso, la cantidad inyectada es muy poco significativa y supone una pequeña proporción de lo que las entidades obtienen por otras vías. En este sentido, la realidad es que el Fondo bien pudiera calificarse de poco atractivo, opaco y marginal.
Siempre puede pensarse que las autoridades son incompetentes cuando ponen en marcha medidas como ésta tan poco demandadas por sus supuestos beneficiarios, pero pienso que realmente ni se ha considerado necesario hacer más ni el propósito real del Gobierno era inyectar mucha liquidez, sino realizar un gesto ante los rumores que afectaban al sistema, que junto con la elevación del valor respaldado por el Fondo de Garantía de Depósitos llevó rápidamente la tranquilidad a los ahorradores, que veían cómo el Estado se constituía de hecho, aunque no de derecho, en el último garante de la solvencia de las entidades. Una verdadera campaña de imagen con poca responsabilidad asumida desde el Gobierno en cuanto al verdadero sostenimiento de aquellas entidades que tuvieran problemas.
Se ha partido de sopesar los factores psicológicos que dan estabilidad al sistema bancario y que son decisivos, y es así, psicológicamente, como se ha actuado. Así que puede considerarse que el santo financiero ha sido bien vestido por el Gobierno. Pero en la crisis no todos los santos van a resultar tan bien vestidos, porque con los demás que andan medio desnudos no es la psicología un factor determinante. La economía española es intensiva en mano de obra en muchos de sus sectores productivos y tiene acreditada destrucción de empleo en cuanto el crecimiento desciende de valores próximos al 3 por ciento. Si en la actualidad nos adentramos en una recesión, eso que llaman los políticamente correctos crecimiento negativo, que no es otra cosa que la disminución del PIB, está demostrándose que la destrucción de empleo va a ser millonaria. Quizás el Gobierno se ve incapaz de parar esta sangría y ha decidido no hacer nada porque nada puede hacer. Ante la demanda social de medidas concretas, sale con algún plan cuya verdadera esencia no contribuye a solucionar los problemas que afectan a las Pymes, como la falta de financiación y la brusca caída de la demanda. Porque son las Pymes las que van a destruir más empleo en el próximo futuro y quizás nuevamente el Gobierno se vea incapaz de abordar este problema para el que parece que tampoco tiene solución.
Así, el plan de 11.000 millones, anunciado para atacar a la crisis económica y generar empleo, es un plan de infraestructuras municipales y algo de financiación para el sector del automóvil, que para éste último va a llegar demasiado tarde, tan tarde como pronto algunas multinacionales quieren aprovechar para reducir su producción en España de forma significativa. Los Ayuntamientos podrán hacer obra pública el próximo año sin afectar al presupuesto municipal, consiguiendo el Gobierno llevar recursos a un sector de la Administración que está atravesando una considerable rebaja de ingresos por la crisis inmobiliaria y económica.
Así que el Gobierno piensa más en la propia Administración que en las empresas, pues deplora la idea de que algunos ayuntamientos quiebren o demoren sine die el pago de sus deudas, como ya está empezando a ocurrir. Veremos en qué forma se libran los fondos y si se pone en práctica el rigor preciso para que las pretendidas obras no acaben financiando nóminas o viajes de ediles al extranjero para hermanarse con quién aún no se hayan hermanado. Y, mientras, los españoles al paro, pero, eso así, con la convicción de que el Gobierno ha vestido estupendamente el santo de la crisis y que ningún otro gobierno posible lo hubiera hecho mejor ni en este aspecto ni en nigún otro, dada la lamentable imagen que ofrece la oposición, quizás más en crisis que la economía misma. |