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Un pacto a la alemana Imprimir E-Mail
Escrito por José María Triper. Director de Moneda Única.   

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José M. Triper
(F&B, 127, mar. 2008.) A medio camino entre el optimismo inconsistente de Zapatero y el catastrofismo militante de Rajoy, la economía ha asumido el papel de primer y casi único protagonista de esta agria, complicada y tensa campaña electoral. Ni siquiera los Obispos han conseguido arrebatarle el liderazgo y mira que lo intentan.

Pero no. Nadie pudo con la economía que un día nos sorprendía con una caída histórica en la Bolsa, al siguiente con el mayor crecimiento mensual del paro en el último cuarto de siglo; y, casi sin darnos tiempo a asimilar el susto de la víspera nos descubre que el índice de confianza de los consumidores se ha desplomado hasta niveles nunca conocidos, que el indicador de actividad en el sector de los servicios bordea la recesión, que la competitividad exterior de nuestras empresas y productos está por debajo de los suelos, o que la afiliación a la Seguridad Social se apunta también al lado oscuro.

ImageY todo ello, además, sin haber digerido todavía el golpe de la subida de los precios. Un impacto que, ahora, todos empiezan a reconocer algo que aquí ya habíamos dicho, que para el ciudadano y las familias, es decir para usted y para mi, el encarecimiento del coste de la vida es más de cuatro veces superior a ese 4,2 % que la estadística marca para España en 2007.

Como dice la sabiduría popular, las desgracias nunca vienen solas. Pero lo más lamentable de este caso no es que vengan juntas, sino que hacía tiempo que venían anunciado su llegada y que quiénes tenían la responsabilidad de prepararse y prepararnos para hacer menos dolorosos sus efectos, se han limitado a mirar al cielo a ver si había suerte y escampaba, en unos casos por comodidad y en otros por falta de ideas y coraje para emprender las reformas necesarias que permitieran afrontar el cambio de ciclo de la economía mundial y el agotamiento del modelo económico español, sustentado en la construcción y en el consumo, que tras la fachada deslumbrante de las grandes cifras macro tenía los pies de barro. 

ImageAsí, mientras nuestros políticos de uno y otro lado, desperdiciaban toda una legislatura tirándose los tratos y poniendo el ventilador a ver quien olía más, el "milagro" económico español se mantenía artificialmente aprovechando las transferencias netas de la UE y la liquidez monetaria y bajos tipos de interés disponibles en los mercados internacionales. Una demanda eufórica de crédito para financiar inversiones especulativas a costa de multiplicar hasta límites difícilmente sostenibles el endeudamiento de las empresas y familias y el déficit exterior de nuestra economía que apunta ya a la fatídica barrera del 10% del PIB.

Claro que eso no importaba, ni al Gobierno ni a la oposición, y muchos menos a las bisagras nacionalistas que iban a lo suyo, mientras se entregaban, o consentían, a una orgía incontrolada de gastos y de deuda, impasibles ante las alarmas, que desde dentro y desde fuera, denunciaban el brutal deterioro de la competitividad de nuestras empresas y productos. Un deterioro que ahora están pagando, entre otros, los más de 35.000 trabajadores que en España que se quedaron sin empleo en el último ejercicio.

Pero con ser todo esto malo, lo peor puede estar todavía por llegar. Nos avocamos hacia un escenario ingobernable, con un Gobierno todavía más en precario que el presente, preso de los "chantajes" de las minorías nacionalistas, y sin fuerza ni recursos para enfrentarse a un economía en horas bajas y preparar la necesaria recuperación.

Se impone un pacto a la alemana, un gran acuerdo entre los dos grandes partidos nacionales que permita reconducir y sanear la situación, que evite el desmoronamiento psicológico de los consumidores, la desmoralización de las empresas y la sangría de parados. Eso sería lo lógico y lo sensato. Sería también lo deseable y lo correcto. Pero, a la hora de recurrir a los políticos, y visto el género que, sea del color que sea, se presenta, ¿de dónde sacamos a los alemanes?

 
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