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Revista de Finanzas y Banca
Reinventar la gestión de la morosidad Imprimir E-Mail Compartir

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Ricardo Wehrhahn
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Mercedes Mostajo
La gestión de la morosidad se está convirtiendo en el principal reto de la mayoría de los bancos y cajas españoles. Según los datos de la Asociación Nacional de Establecimientos Financieros de Crédito (ASNEF-EQUIFAX), la deuda impagada de hogares y empresas se ha disparado hasta los 26.400 millones de euros en 2008, lo que supone un aumento de cerca del 150% respecto a 2007. De esa cantidad, cerca de 16.400 millones de euros correspondieron a los hogares mientras que la deuda impagada de las alrededor de 200.000 empresas superó ligeramente los 10.000 millones de euros. (F&B, 135, ene-feb 2009)

Además, las operaciones morosas superaron las 5.300.00 durante el pasado año, lo que supone cerca de un 50% más que un año antes y constituye la cifra más alta desde 2002. 

La morosidad de los bancos y cajas está en torno 3,8%, y las expectativas apuntan que lo peor está por llegar. Algunos de los bancos con menos morosidad, no descartan que la morosidad media del sistema bancario pueda llegar al 6% en 2009, y nosotros pensamos que incluso pueda alcanzar, como en 1993, hasta el 8%. 

Si el desempleo sigue creciendo como se prevé, muchos bancos y cajas se verán en un serio aprieto, al agotar el colchón de las provisiones genéricas que el Banco de España les impuso. En el cuarto trimestre, la tasa de cobertura de créditos fallidos de muchas entidades ha caído por debajo del 100%. Y esto va a afectar a sus resultados y dividendos. 

Un problema adicional es que, además, hoy el precio de la mayoría de los activos inmobiliarios se encuentra por debajo del valor de la deuda contraída, con lo que la venta inmediata de éstos no es la solución que necesita la banca para recuperar sus fallidos. 

ImageUn porcentaje significativo de las entidades financieras españolas están gestionando de forma titubeante sus fallidos crediticios, aun cuando deberían hacerlo de una manera diferente a la seguida hasta ahora para sobreponerse lo más rápidamente posible a la situación por la que atraviesan. Las instituciones financieras españolas, en definitiva, deben aprender de la crisis cómo reinventar la gestión de la morosidad. 

El panorama está así fundamentalmente porque algunas instituciones financieras no disponen del conocimiento ni de las herramientas adecuadas, al no haber previsto el repentino aumento de la morosidad. A día de hoy, un numero apreciable de bancos y cajas españoles se encuentran atascados en la estrategia de gestionar sus fallidos, algo que va a afectarles gravemente no sólo en sus resultados, sino también en su estrategia crediticia (clave para cualquier banco o caja). 

La solución a los problemas actuales y la confianza en que no se volverán a reproducir en el futuro, pasa por revisar de arriba abajo todos los sistemas crediticios, especialmente en los bancos y cajas medianos y pequeños, estableciendo niveles de alerta para que no se vuelva a dar una situación similar. Si bien las tareas de gestión de la morosidad habían supuesto apenas el 1% de la actividad bancaria, en estos momentos prácticamente el 50% de la red comercial de algunos bancos está involucrada en estas funciones de gestión y recuperación de créditos fallidos. 
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Hasta ahora ciertos bancos y cajas se habían volcado fundamentalmente en la concesión de préstamos y créditos de forma indiscriminada, careciendo de sistemas adecuados de scoring crediticio o medidores del riesgo. Y el reto actual es gestionar adecuadamente la cartera de morosos a la par que continuar prestando. 

Frente a la fase de expansión y crecimiento (apertura de oficinas, ampliación de la base de clientes y rapidez de reacción y descentralización de la gestión), la fase de desaceleración que nos afecta requiere una necesidad de redefinir el rol, la organización y las atribuciones de riesgos, la urgente implantación de un proceso de admisión más exigente y el desarrollo de un modelo de gestión efectiva de la mora. Este escenario se agrava por no disponer de profesionales veteranos y experimentados en la gestión de fallidos, ya que la mayor parte de los recursos humanos de los bancos y cajas ha estado volcada muchos años solamente en las operaciones de activo. 

Hasta ahora, los sistemas de gestión de mora de algunos bancos y cajas se caracterizaban por disponer de sistemas de scoring inefectivos, incapacidad para detectar las señales de alerta, y falta de estructura y capacidad de gestión del incremento de la cartera riesgosa. 

Otra dificultad añadida es saber cómo está impactando la situación económica en el cálculo del valor de los activos; se disponen de muy pocas referencias para apoyarse en la predicción de la evolución de la crisis financiera porque: 

> Estamos ante una crisis con características especiales que la separan de las anteriores, 
> Hay una evidente desconexión entre los mercados de capital y la economía real, y 
> Este nivel de incertidumbre crea picos frecuentes en el mercado que dificultan la extrapolación de cálculos basados en los parámetros actuales. 

ImageEs obvio que el valor de los activos antes de la crisis estaba inflado: la burbuja inmobiliaria impactó en la definición del precio de los activos inmobiliarios, por lo que es necesario definir un nuevo valor real del activo. En definitiva, el valor a futuro del activo dependerá de: la situación del mercado, la situación interna del banco (valor de sus provisiones), y del propio activo. Cuándo vender y qué vender serán las dos cuestiones fundamentales que debe plantearse y resolver la banca que quiera gestionar eficazmente sus fallidos. 

La duración e intensidad de la bajada de precios son parámetros hasta ahora desconocidos, existiendo diversas opiniones que la realidad del mercado contradice de manera frecuente. De este modo, hay una diferencia notable entre las predicciones simplemente pesimistas y las propiamente catastrofistas. 

Ante esta situación, las entidades financieras ganadoras serán aquellas que actúen rápida y excelentemente en la gestión de la mora. La anticipación es clave en la competencia por la recuperación de los créditos y activos. 

Desde luego, cualquier solución pasa por continuar prestando, actividad esencial para una institución financiera. La gestión efectiva de la mora debe incluir la originación (seguir prestando) de forma prioritaria: hay que prestar de nuevo, pero prestar mejor de lo que se ha hecho hasta ahora.
El proceso de admisión constituye la principal herramienta para mantener la calidad crediticia, dado que se trata del momento en el cual la entidad ejerce mayor control e independencia; sin embargo, en muchas entidades, estos conocimientos y capacidades se han deteriorado en los últimos años.
Una vez otorgado el crédito, es vital la aplicación de un proceso de seguimiento al cliente, y éste debe ser rápido, profesional y de alerta temprana. Este seguimiento ayudará a realizar una oportuna mitigación del incumplimiento, evitará sorpresas y acumulación de problemas. 
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La gestión eficaz de la mora debe comenzar al primer indicio del problema, ya que muchas entidades hasta ahora la han enfocado a partir de la fase de recuperación, con un elevado coste y una tasa de éxito muy reducida. Para controlar la gestión de activos embargados y reducir sus índices de morosidad, algunos bancos y cajas ibéricos ya han desarrollado nuevas soluciones (como el aparcamiento de los activos), adjudicándose y comprando bienes inmuebles de y a sus fallidos.
Un número apreciable de entidades de crédito tienen que cambiar el énfasis y diseño de sus procesos de concesión y gestión de créditos y deben hacerlo ya, si no quieren prolongar esta situación más de lo esperado. En la gestión de fallidos la clave se encuentra en recoger primero las enseñanzas derivadas del proceso de admisión y selección. 

Los bancos y cajas deben utilizar al máximo los predictores internos y externos de riesgo. Internos como: los datos recopilados por el banco y disponibles para su uso (procedentes de transacciones de medios de pago) como tarjetas de crédito, cheques, recibos de nómina, domicilia-ciones, atrasos e impagos, etc. Y los datos no disponibles porque no están recopilados, procedentes del cruce de transferencias entre clientes, las transacciones de riesgo, etc. Y externos como: las agencias calificadoras de los registros de morosos, los datos facilitados por otras entidades bancarias, los procedentes de otras compañías como los supermercados, etc. 

ImageLas enseñanzas obtenidas en la gestión de los morosos deben utilizarse para prevenir futuros morosos y gestionar los actuales, definiendo y aplicando nuevas prácticas en la admisión y selección de riesgos, tales como: definir responsables de riesgos con poder de veto, con métricas e incentivos estipulados, utilizar scorings de rechazo aprobados por profesionales al menos dos niveles superiores al gestor, tener en cuenta parámetros como el importe, plazo, producto, exposición total de la persona física o jurídica…, y, finalmente, utilizar herramientas de scoring que definan automáticamente la elevación en la escala de decisión y el tipo de información que justifica una aprobación distinta a la recomendación. 

En un escenario en que la morosidad continuará invariablemente creciendo y los activos inmobiliarios depreciándose, los bancos y cajas no tienen otra salida que reinventar la gestión de sus activos fallidos.

 
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