 Pere Brachfield (F&B, 127, mar. 2008.) Por lo general se le suele echar la culpa de la existencia de morosidad a la coyuntura económica; ahora bien esto no es cierto puesto que como ya se ha comentado, la coyuntura constituye uno de los condicionantes de la morosidad, pero no es el único causante del fenómeno.
Indudablemente la morosidad puede aumentar debido a causas coyunturales, como puede ser la desaceleración de la actividad económica o el enfriamiento de la economía, puesto que en períodos difíciles, en los que se produce un encarecimiento del coste del dinero, las empresas utilizan la prolongación de los plazos de pago como un sustitutivo de los créditos bancarios.
También es cierto que en épocas de crisis los índices de morosidad se suelen disparar y se producen fenómenos de siniestralidad en cadena, puesto que los problemas en el pago se contagian entre las empresas. Mucha gente recuerda la elevada morosidad y siniestralidad empresarial de la última gran crisis económica durante el bienio negro de los años 1992 y 1993. Y la gran tasa de impagados y quebrantos de empresas que tuvo lugar en la crisis de principios de los ochenta. En la actualidad se está produciendo un fuerte incremento de los impagos, y es muy probable que estemos ante la antesala de una nueva epidemia de morosidad.
Durante décadas los morosos han justificado su falta de pago —debido a la carencia de efectivo— con cuatro excusas habituales:
—que todavía no ha cobrado de sus deudores y que por tanto a su vez no puede pagar,
—que debido a la crisis le han bajado las ventas y por ende los ingresos lo que le provoca problemas de "cash flow"
—que le ha bajado el margen comercial debido a la competencia y la globalización,
—que tiene dificultades transitorias de financiación a corto debido a un problema de negociación con el banco.
Las investigaciones patrocinadas por la CE demuestran que las cuatro principales excusas son excusas del mal pagador, ya que la principal causa de la morosidad es el retraso deliberado para aprovecharse de la financiación gratuita del acreedor. Los estudios revelaron que tampoco es cierto que la mayor parte de los retrasos en el pago están provocados por la existencia de litigios comerciales (calidad o cantidad de las mercancías vendidas que sirvan de pretexto para demorar el pago), falta de puntualidad en las entregas o debido a la aparición de discrepancias sobre la cuantía de la deuda o del vencimiento de la factura. No es verdad que los retrasos en abonar una factura se deban a que el cliente no haya recibido todavía el documento original, o que haya problemas administrativos en la tramitación de la orden de pago.
Con anterioridad a la publicación del informe de la CE, se suponía que los condicionantes señalados anteriormente (problemas de liquidez, litigios comerciales y problemas administrativos) eran las principales causas del retraso en los pagos. La realidad es que en la mayoría de los casos los morosos podrían pagar el día pactado con el acreedor comercial, pero no lo hacen porque no les da la gana hacerlo por el momento (pagarán más tarde y cuando mejor les convenga). Consecuentemente la mayor parte de los impagos que se producen en Europa son intencionales, ya que el deudor retrasa los pagos para financiarse a costa del proveedor.
Así pues los estudios realizados bajo el auspicio de la CE, revelaron que las cuatro primeras causas que provocan la morosidad y el porcentaje sobre el total de los impagados en la media europea son:
—Retrasos en el pago Inten-cionales: 35%
—Dificultades financieras del deudor: 23%
—Falta de eficacia administrativa del deudor: 17%
—Litigios e incidencias con los artículos suministrados: 7%
No obstante el estudio auspiciado por la Comisión Europea, detectó en la UE un caso especial que las autoridades de Bruselas presentaron por separado en el informe.
Las investigaciones realizadas descubrieron que en un Estado la intencionalidad pura y dura del deudor representaba el 62 por ciento de las causas de la morosidad (y no el 35% que es lo habitual). ¿Adivina querido lector qué país fue el que batió todos los récords en el impago premeditado quedando el número uno de Europa? ¡Premio! Si usted ha contestado que España, ha acertado plenamente, ya que es el Estado de la UE en el que existen más morosos que actúan con premeditación y alevosía. Por consiguiente en el 62 por ciento de los retrasos en el pago en España, el motivo de la demora es deliberado, ya que el deudor se está aprovechando de la situación para enriquecerse, y sólo el 21% de los impagos tiene como causa real las dificultades financieras del deudor.
El reverso de la medalla del caso español es Suecia, puesto que en este país escandinavo los impagos intencionales sólo representan el 26% de los casos. ¿A qué se debe este bajo porcentaje de morosidad premeditada? Pues la explicación es palmaria, en Suecia los intereses de demora que deben abonar los morosos son del 20% anual sobre el importe nominal de las facturas impagadas y además los procedimientos judiciales para reclamar una deuda son rápidos, eficaces y baratos. Por tanto el Gobierno Español debería inspirarse en el modelo sueco para atajar la morosidad. |