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Hoy, la unión hace más fuerza que nunca". Este eslogan publicitario que aparecía recientemente en todos los diarios nacionales para anunciar la fusión de dos de nuestros gigantes energéticos, viene hoy pintiparado para definir el inicio de relaciones formales que se están produciendo entre determinadas cajas de ahorro españolas de cara a una integración a medio plazo de la actividad económica y financiera de ambas entidades. (F&B 137, mayo-junio 2009)
Es evidente que, en economía, el tamaño sí importa y más en tiempos de crisis. Pero, además, en este caso el acercamiento entre las cajas responde al objetivo esencial que persiguen el Banco de España y el Gobierno, este último a través del denominado Fondo de Reestructuración y Ordenación Bancaria (FROB) y que, en el fondo, se trata esencialmente de un plan de rescate para las cajas de ahorro, especialmente para las pequeñas.
Así pues, los "noviazgos" nacen con todas las bendiciones de los tutores y de las familias implicadas. Les gusta a los agentes sociales y a los políticos de los dos partidos mayoritarios, cuenta con el beneplácito de los gobiernos autonómico y central y se ajusta a los planes del supervisor.
Sin embargo, y reconociendo la bondad teórica de la integración, parece obvio, pero igualmente necesario, recordar que, el éxito de la iniciativa va a depender de la estrategia del proceso y, fundamentalmente, de la independencia de los administradores. Gestionar una Caja no es tarea fácil y menos en proceso de integración y en un escenario general de incertidumbre. Los administradores dependen de los partidos políticos y las competencias para intervenir están compartidas entre el Banco de España y las comunidades autónomas. Por eso, la libertad de los profesionales para la gestión y la independencia de la entidad resultante debe ser un objetivo básico a garantizar para asegurar el buen resultado de la iniciativa. En otras palabras, que les dejen trabajar sin injerencias.
Es preciso tener también en cuenta que las Cajas de Ahorro constituyen un entorno peculiar dentro del sistema financiero por su estrecha vinculación a un territorio y con sus necesidades específicas. Es por ello que en el ente resultante de cada integración debe preservarse la identidad propia de cada una de las Cajas y garantizar que no habrá merma alguna en la obra social de los respectivos territorios, que sería difícilmente reemplazada por la iniciativa privada.

Finalmente, y aunque sea mucho pedir, sería también interesante y conveniente consultar y dar participación a los clientes. En éste, como en todos los proyectos de saneamiento y de reordenación del sistema financiero español los intereses de los impositores brillan por su ausencia cuando es de su dinero de lo que se está tratando y es con su dinero con el que se juega. En este punto se debería impulsar la emisión de cuotas con derecho a voto, como primer paso hacia un progresiva despolitización.
Si se cumplen estas pautas nadie puede discutir que la concentración de las entidades financieras es coherente y acertada tanto en el contexto general de reforma del sistema financiero que estamos iniciando como para mejorar la liquidez, la confianza y la solvencia, muy debilitadas por la crisis y, sobre todo, para sobrevivir en un mundo de economías globalizadas.
La unión, es verdad que hoy hace más fuerza que nunca, pero como rezaba también la publicidad a la que aludíamos al principio, es imprescindible unirse bien para "cargarse de ilusión y empezar con toda la energía del mundo". |