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(Octubre 2008) Está muy bien que el Gobierno no permita que se hundan las sólidas y solventes entidades financieras españolas que no pueden aguantar el colapso de los mercados de deuda, interbancarios y de valores. Pero cuando alguien no le puede pagar el crédito al banco seguramente tiene razones tan buenas como las de las entidades financieras que sin el aval y la financiación del Estado no pueden cumplir con sus obligaciones.
Entonces, ¿qué fuerza moral tiene el sistema bancario, que seguirá funcionando gracias al Estado, como para no facilitar a cualquiera la refinanciación, la renovación o la prórroga de las operaciones que precise?
¿Con qué cara puede un banco o caja denegarle una operación a un cliente que tenga un funcionamiento razonable simplemente porque no salga suficientemente bien en la foto? ¿Qué tipo de Gobierno es el que facilita la supervivencia del sistema bancario mientras permite que éste aplique una restricción sin precedentes a la financiación de las Pymes que está enviando, y va a enviar, al paro a cientos de miles de personas? ¿Acaso las entidades a las que se tiene que ayudar salen bien en la foto?
Porque al final el dinero y la garantía del Estado salvará a todas las entidades, a todas sin excepción, porque ninguna podría sobrevivir si quebraran las que tienen que quebrar, pues después con toda probabilidad quebrarían todas, ya que el público se llevaría el dinero a su casa en tropel, como ya casi estaba empezando a suceder.
Yo me pregunto de qué le sirve a cualquier empresario que ha perdido la confianza de su entidad financiera, le retiran el crédito y va a la ruina que se salve el sistema financiero. Imagino que le dará lo mismo porque ni a él ni a sus empleados esa salvación le alcanza. Y lo que pensará, con razón, es que las turbulencias financieras en realidad las está pagando él cuando a las entidades financieras, que es de donde vienen las turbulencias, les salen gratis.
Así que el Sr. Zapatero puede dejar de sonreír porque todo esto no tiene ninguna gracia si no hace algo urgente por remediarlo, ya que día a día las entidades financieras tratan a muchos de sus clientes de toda la vida, a aquéllos que les han hecho ganar dinero en el pasado, como si fueran sospechosos de la mayor de las insolvencias simplemente por algunas incidencias recientes que, con la que está cayendo, no han podido evitar, como tampoco podrían evitar los bancos y cajas desaparecer sin la intervención del Estado.
Hace poco un banquero dijo eso de que cada palo aguante su vela, sin darse cuenta de que podría ser de los que se quedarían sin vela como quien tuviera que darle el palo se lo diera a quien se lo tiene que dar. Siempre es bueno ser el que tiene el palo y que otros aguanten la vela. No iba a quedar palo con vela, señor mío, de no mediar lo que está mediando. Así que cada palo no aguanta su vela ni la va a aguantar.
Si nadie se acuerda de las Pymes mucha gente va a ir al paro, cargando sobre sus espaldas la culpa de todos aquellos que, teniéndola, no van a sufrir las consecuencias porque les avala el Estado y así lo quiere el Gobierno. Al sistema bancario no se le van a aplicar los rigores del mercado. Para eso están las Pymes. Para eso y para darle la mayor parte de los ingresos fiscales, la mayor parte de la oferta de empleo y de la estabilidad social. Y la patronal mirando a poniente y los sindicatos tan contentos contando parados; pero eso sí, unos y otros ocupándose de la formación de los trabajadores a cambio de suculentas subvenciones, que es sabido que esa es su misión fundacional, la formación. Tendremos los parados mejor titulados del mundo, eso no hay quien nos lo quite, y si alguien los pone a estudiar mientras lo estén ni siquiera contarán en las estadísticas oficiales y además se reparten más subvenciones, lo que no es sino uno de los últimos truquitos que se han buscado para que ni siquiera sepamos el número exacto que hay.
Es evidente que el Gobierno no avala a las Pymes y como decía el detective Germán en la película El Crack (más a cuento no puede venir el título del film de Garci): “No me gusta lo que veo”.
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