 Pere J. Brachfield (F&B, 132, septiembre 2008) Los datos estadísticos revelan que los impagados comerciales se han situado en el nivel más alto en quince años. Los impagados interempresariales derivados de operaciones comerciales se han duplicado e incluso triplicado en algunos sectores.
Según cálculos del Centro de Estudios de Morosología de EAE Business School, en la actualidad los impagos empresariales que se generan mensualmente suponen unos 15.000 millones de euros, teniendo en cuenta todos los incumplimientos de pago que se producen. Asimismo en los próximos años entre un 10 y un 15 por ciento de las empresas españolas van a recurrir al retraso indebido de la liquidación de las facturas con proveedores como fuente de financiación de emergencia para sobrevivir a la crisis actual.
La morosidad ocasiona un coste financiero ya que las empresas deben financiar durante un período adicional los saldos de clientes no cobrados al vencimiento. Este coste que se produce como consecuencia del atraso en el cobro de las facturas depende de los tipos de interés y del coste medio ponderado de los recursos que emplea el proveedor para financiar su activo circulante. Por este motivo las épocas en que los tipos de interés son elevados, el perjuicio económico provocado por la morosidad es mucho mayor que cuando los tipos son bajos.
Pero además del coste financiero ocasionado por los retrasos en el pago hay que tener en cuenta dos factores adicionales:
> La pérdida del valor del dinero provocado por la inflación
> Los gastos de gestión de cobro necesarios para conseguir la recuperación del crédito impagado

Un coste que no hay que olvidar es la pérdida de valor adquisitivo cuando la empresa no puede cobrar la factura en la fecha del vencimiento contractual. Aunque el cliente pague la totalidad de la factura, se produce una pérdida de valor adquisitivo, en función a los días transcurridos hasta que el cliente abona íntegramente la factura impagada. En el caso que se produzca un impago de 10.000 euros, y el cliente se demore tres meses en liquidar la deuda, el proveedor cobra la suma adeuda en unidades monetarias, pero el valor que representan las monedas ingresadas en su caja no es el mismo que hace 90 días.
Esto es lógico si uno se hace la siguiente pregunta: ¿Cómo se mide el valor de una moneda?; la respuesta es "por su poder de compra". Bajo este punto de vista no puede considerarse que los 10.000 euros cobrados tres meses más tarde tengan el mismo valor adquisitivo que en la fecha teórica del vencimiento de pago, puesto que en la práctica se debe medir el valor de una moneda en relación a la cesta de la compra que sirve para calcular el IPC. El mejor patrón que tenemos para ver el valor de una unidad monetaria es la cesta de la compra. Por supuesto en fases de la economía en las que existe una fuerte inflación y un aumento generalizado de los precios, la morosidad de los clientes es todavía más perjudicial.
En consecuencia uno de los principales problemas que están sufriendo en estos momentos las empresas acreedoras es el elevado coste de la morosidad, provocado por el encarecimiento paulatino del coste del dinero, la elevada inflación y el incremento de los gastos de gestión. Un método empírico muy sencillo que propongo para calcular de forma aproximada los costes que provoca la morosidad es el de establecer una tasa de coste financiero provocado por un impago del 12% anual (tasa establecida para septiembre del año 2008 y sujeta a cambios futuros según la coyuntura, evolución de los tipos de interés y de la inflación). Esta tasa incluye el coste financiero que le supone a la empresa la financiación adicional y la pérdida del valor adquisitivo provocado por la inflación. Además esta tasa del 12% anual dividida por doce meses es muy fácil convertirla en un 1% mensual que es un porcentaje muy cómodo para realizar los cálculos. De este modo se puede incrementar en un 1% el valor de la factura impagada por cada mes de retraso. Así pues para tener una idea bastante aproximada del coste que supone la morosidad, se puede incrementar en un 1% el importe de la factura por cada 30 días que transcurren sin poder cobrarla. Así, el coste que genera el impago de una factura de 10.000 euros y que el deudor paga con un mes de retraso supone 100 euros, si son 4 meses se eleva a los 400 euros, pero si el moroso tardara 6 meses en abonar la factura, el coste sería 600 euros, ya que el contador virtual del gasto financiero va marcando inexorablemente un importe diario. Por supuesto hay que tener en cuenta que el efecto acumulativo durante un ejercicio económico, de miles de facturas que se cobran más tarde de lo previsto, puede ser letal para la situación financiera de un negocio en la actual coyuntura y en especial si las facturas son de importes elevados. Esto demuestra la necesidad de cobrar la factura en el menor tiempo posible, con el fin de minimizar el impacto económico de los impagados ya que un día de retraso cuesta dinero.

Vale la pena señalar que este contador virtual de costes financieros, que supone para el acreedor un aumento de sus gastos de financiación por cada día que transcurre sin haber cobrado la deuda, los deudores lo utilizan al revés; esto es para calcular sus réditos; es decir cuantos más días transcurren hasta que pagan la factura, más dinero ganan. Consecuentemente los morosos hacen un negocio financiero a costa de vampirizar económicamente a los proveedores. |