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Revista de Finanzas y Banca
Análisis de riesgos, ficheros de morosos y actuación de bancos y cajas Imprimir E-Mail
Escrito por Juan F. Robles   

Image(Octubre 2008) Actualmente están ingresando cientos de miles de personas y empresas en los ficheros de morosidad por la situación financiera y económica actual. Uno de los problemas que plantea esta circunstancia es que cuanto mayor sea el número de personas y empresas incluidas, menor es la utilidad de la información que contienen los registros.

Por reducción al absurdo, si toda la población estuviera incuida, los registros de morosidad perderían en buena parte su eficacia. Es por ello que en la gestión de la información de crédito se ha de ir más allá del mero dato registral, sobre todo cuando la relación de crédito se produce entre sujetos conocidos y financieramente interdependientes.

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Esa ponderación es primordial para poder establecer la circunstancia real del sujeto afectado, pero sobre todo para que actitudes poco meditadas por parte de sus acreedores conduzcan a un mayor deterioro de la situación que a su vez recaiga sobre éstos. Porque en muchas ocasiones el crédito es un camino de dos direcciones, y no basta con exigir el pago de la deuda para obtenerlo, sino que se precisa una acción más positiva por parte del acreedor para cumplir su propósito.

Nos encontramos en un período en el que muchos deudores precisan una refinanciación de sus deudas, pero sin embargo presentan anotaciones en los registros de morosidad que en principio no les hace posible obtenerlas. Así las cosas, ocasionalmente los acreedores pueden ver perjuicado su propio crédito por no analizar con más profundidad la situación real del deudor, al margen de los datos, y sus verdaderas posibilidades financieras.

Si hasta este momento muchas entidades financieras han podido permitirse (a decir verdad no podían) un deficiente análisis de riesgos que les ha conducido a esta situación, de ahora en adelante es exigible que realicen estas funciones con mayor profesionalidad, lo que no implica necesariamente una mayor inflexibilidad, sino más bien una mayor adaptación a cada situación.

Pero la reacción de bancos y cajas es tan abrupta y poco profesional, y perdonen los inocentes la generalización, como lo fue anterioremente en la circunstancia inversa. Es decir, la pregunta es si realmente saben hacer su trabajo o se mueven presas de la euforia o el pánico. Un correcto análisis de riesgos no es estudiar cuatro papeles o pedir papeles y papeles, sino conocer con exactitud la situación real del riesgo de una empresa o una persona.

Parece cierto que no están preparadas para ese tipo de análisis porque han estandarizado y envilecido tanto su gestión del riesgo en base a la reducción de costes de su gestión que no son capaces de evaluar la verdadera solvencia de muchos sujetos porque simplemente no tienen los medios para llevar a la práctica más que unos informes, las más de las veces de oído, y manejar un scoring al que llenan de datos para que les dé una respuesta lo más automática posible. Como se ha venido a demostrar ahora por los elevados índices de morosidad, esta forma de proceder ni era buena antes ni, por eso, puede serlo ahora.

El análisis de riesgos estandarizado y automatizado, aunque imprescindible para apoyar la gestión, no sirve para todos los perfiles de riesgo, pero se ha extendido a una gran parte del mercado del crédito, y cada día se confían a las máquinas muchas decisiones que al final repercuten negativamente no sólo en los clientes, sino en la misma entidad.

Sólo cuando las entidades sean capaces de comprender que cuando se deteriora el crédito de su cliente un estudio más profundo de su situación puede evitarles más morosidad que proporcionársela se estarán haciendo las cosas bien. Porque además, y sobre todo en los momentos tan difíciles que se viven, siempre ha sido una buena política que el acreedor colabore con el deudor en aras de la liquidación de la deuda, pero sólo se puede colaborar o no desde un conocimiento mucho más profundo del cliente.

Sin embargo, todos los días llegan a asesoría jurídica casos que podrían haberse evitado simplemente intentando, realizando o manteniendo un contacto mucho más directo y cercano con el cliente, una visita personal, un interés que proporcionara datos adicionales y soluciones desde un conocimiento mucho más exhaustivo de la problemática financiera del cliente. ¿Es más caro esto que la morosidad? Francamente creo que no. Y si no fuera más barato sí por lo menos haría dignas a la entidades de todas las ayudas que van a recibir, porque aunque directamente no les beneficien, ninguna podría haber sobrevivido sin el apoyo del Estado, pues habrían caído todas como fichas de dominó.

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