 Omar Garzesi (F&B, 126, feb. 2008) Muchas de las inversiones que acomete el sector banca en tecnología son proyectos que pueden ser catalogados como innovación e, incluso, como I+D, que pasan desapercibidos. Se pierden de esta forma los cuantiosos beneficios fiscales y deducciones que conllevan. Para beneficiarse es importante conocer cómo diferenciar y detectar estas actividades.
Una de las principales medidas del Gobierno para fomentar la innovación tecnológica en las empresas tiene que ver con los beneficios fiscales a que pueden acogerse estas, mediante la deducción de los gastos de I+D o innovación tecnológica en el Impuesto de Sociedades.
El sector financiero, que en España acapara una buena parte de las inversiones en tecnología con proyectos a la altura de sectores como el de telecomunicaciones, es uno de los grandes beneficiados de esta medida. A la propia iniciativa innovadora del sector hay que sumar cambios regulatorios como Basilea I y II y la MiFID, que están obligando a las entidades financieras a ampliar sus infraestructuras tecnológicas.
En 2006, el sector banca representó más del 3% de los proyectos empresariales certificados por el Ministerio de Industria como proyectos de I+D+i para obtener este tipo de deducciones. No obstante, gran parte de las inversiones que acomete el sector banca en tecnología son proyectos de innovación, e incluso de I+D, que las entidades financieras no detectan como tales. Es decir, beneficios fiscales y deducciones que se pierden.
Saber detectar estos proyectos y beneficiarse de las ventajas fiscales que suponen implica llevar a cabo tres pasos claves. En primer lugar, conocer la normativa fiscal que permite obtener estas deducciones. En segundo término, diferenciar y determinar las actividades de I+D e innovación tecnológica en los proyectos que se llevan a cabo. Y, por último, cuantificar los gastos atribuibles a la innovación, ya que sólo pueden incluirse los destinados directamente a la actividad que se considera I+D+i.
Proyectos de tecnología informática
Existen una serie de indicaciones y conceptos que pueden ayudar a detectar si un proyecto de inversión tecnológica es innovador. Las actividades que pueden ser consideradas de I+D+i en proyectos de tecnología informática son, por ejemplo, las que produzcan nuevos teoremas y algoritmos en el campo de las ciencias informáticas teóricas o que desarrollen tecnologías de la información a escala de sistemas operativos, lenguajes de programación, gestión de datos, software de comunicaciones y herramientas de desarrollo de software.
Pueden ser actividades de I+D+i las pruebas de nuevas herramientas o tecnologías de software en áreas especializadas de computación (procesamiento de imágenes, presentación de datos geográficos, reconocimiento de caracteres, inteligencia artificial y otras áreas).
Innovador puede ser también el desarrollo de tecnologías de Internet así como la investigación sobre métodos de diseño, implantación o mantenimiento de software.
Del mismo modo, las inversiones para el desarrollo de software que produzca avances en aproximaciones genéricas para la captura, transmisión, almacenamiento, recuperación, manipulación o visualización de información, o el desarrollo experimental destinado a completar lagunas de conocimiento necesarias para la elaboración de un programa o sistema de software, también son actividades que pueden ser consideradas de I+D+i.
Desarrollo de software
Para que un proyecto de desarrollo de software pueda considerarse de I+D+i, su conclusión debe depender de un avance científico o tecnológico, y la meta del proyecto debe ser la resolución sistemática de una incertidumbre científica o tecnológica.
El desarrollo de software es una parte integral de muchos proyectos sin componentes de I+D, pero el desarrollo de software de este tipo de proyectos sí puede considerarse como I+D+i si conduce a un avance en un área del desarrollo de software informático. Así pues, una actualización o cambio de un programa o sistema existente puede considerarse I+D+i si abarca avances científicos o tecnológicos que resulten en un incremento del stock de conocimiento. Sin embargo, el uso de software para una nueva aplicación o propósito, no constituye por sí mismo ningún avance.
Un avance científico o tecnológico en software puede ser conseguido también si el proyecto no ha dado los resultados esperados, porque los fallos pueden incrementar el conocimiento en la tecnología mostrando, por ejemplo, los enfoques en el desarrollo que no podrán tener éxito.
Por otro lado, las actividades rutinarias relacionadas con el software que no implican avances en la resolución de incertidumbres científicas o tecnológicas no pueden ser calificadas como I+D+i. Los avances en otros campos que hayan resultado de un proyecto de software no suponen que se haya realizado un avance en el desarrollo de software informático.
Algunos ejemplos de este caso son las aplicaciones de software para los negocios y el desarrollo de sistemas de información que utilicen métodos conocidos y herramientas de software conocidas, las actividades de apoyo para sistemas existentes, a conversión y traducción de lenguajes de programación, la depuración de sistemas, la adaptación de software existente o la preparación de documentación de usuario.
En el área de software de sistemas, los proyectos individuales no pueden calificarse como de I+D+i, pese a que su inclusión en un proyecto mayor puede calificarlos como tal. Por ejemplo, los cambios en la estructura de archivos y en las interfases de usuario en un lenguaje de programación de cuarta generación puede ser necesaria para la introducción de tecnología relacional. Los cambios individuales pueden no ser considerados estrictamente I+D+i, pero el proyecto completo de modificación puede derivar en la resolución de una incertidumbre científica o tecnológica y, por tanto, ser clasificados como I+D+i.
Otros proyectos
Otro factor importante para identificar actividades de innovación tecnológica es tener presente que, a efectos fiscales, se entiende por innovación la actividad cuyo resultado sea un avance tecnológico para la obtención de nuevos productos o procesos de producción, o suponga mejoras significativas a las ya existentes.
Es este sentido, se puede incluir la materialización de nuevos productos o procesos en un plano, esquema o diseño, así como un primer prototipo y proyectos piloto, siempre que estos no puedan convertirse o utilizarse con fines industriales o comerciales. |