 Bernardo Batiz  J. Carles Maixe Pese a que el Reino Unido fue el pionero en cajeros automáticos y terminales punto de venta, actualmente España supera en número de terminales, si bien la evolución de ambos países difiere por la distinta incidencia de los intermediarios no bancarios. (F&B, 135, ene-feb 2009)
En un número reciente de esta revista analizábamos las dimensiones del cambio tecnológico que se ha producido en el último medio siglo, comparando la trayectoria de la banca española con la de Gran Bretaña, uno de los pioneros europeos y mundiales2. El hilo conductor fue el avance experimentado por la tecnología de los cajeros automáticos en ambos países. La razón es obvia, España es actualmente el país europeo con la mayor red de cajeros y de terminales instaladas en los puntos de venta para la transferencia electrónica de fondos (TPV)3. La proporción de estos dispositivos por habitante sigue la misma pauta, en consecuencia, España se sitúa a la cabeza de Europa, pudiéndose considerar un mercado maduro (era el segundo país del mundo por número de cajeros en 2005).
La primera y segunda generación de cajeros en el Reino Unido creció intensamente en menos de una década, pasando de unas 50 máquinas instaladas en 1968 a 733 en 1979. Cuando en España se empezaban a instalar los primeros cajeros entre 1979-1983, en el Reino Unido había ya unos 6.000 instalados. Pasadas dos décadas, en 2000, el número de cajeros instalados en España era de 43.479, es decir 10 479 cajeros más que en el Reino Unido. Esta diferencia ha ido reduciéndose a partir de dicha fecha, pues en 2006 según datos del Banco Central Europeo el total de cajeros instalados en Gran Bretaña (60.470), superaba en 2.020 a los españoles4. Esta tendencia es aún más llamativa si consideramos el crecimiento per capita del número de cajeros automáticos instalados. En Gran Bretaña el número de máquinas por millón de habitantes pasó de 160 en 1985 a 999 en 2006. Mientras que España, que a mediados de la década de los ochenta tenía la mitad de cajeros por habitante que Gran Bretaña, en 2006 pasó a tener 1.326 cajeros. Es decir, los cajeros instalados por cada millón de habitantes en dicho país representan el 75 por ciento de los instalados en España en 2006.
Lo que esas cifras no explican es el origen de dichos crecimientos. En Gran Bretaña la red de cajeros instalados prácticamente se estancó en la primera mitad de los años noventa. Esto se debió a que tras el crack del mercado hipotecario, la recesión y la salida de la libra del sistema monetario europeo en 1992, los bancos, las cajas de ahorro y las sociedades hipotecarias mutualistas (building societies) invirtieron en otras tecnologías (como la banca telefónica) y comenzaban a considerar el potencial de la banca por Internet. Mientras tanto, intermediarios no financieros, como las grandes superficies comerciales, se interesaban por las posibilidades que ofrecía el mercado de los servicios financieros minoristas. Experimentos como los de Marks & Spencer en el Reino Unido y Sears en EE UU, no tuvieron el éxito esperado, poniendo en cuestión el que los intermediarios no financieros pudieran operar en el sector financiero minorista a través del crecimiento orgánico. Sin embargo surgieron otras vías. Las alianzas estratégicas y los joint venture abrieron oportunidades para otras empresas. Este fue el caso de Sainsbury’s, que hizo su primera incursión en los servicios financieros instalando en 1984 el primer cajero operado por un independiente (es decir, intermediario financiero no bancario). Mediante su joint venture con el Bank of Scotland en 1997 logró ofrecer este tipo de servicios. Asimismo Tesco, el otro gigante de las grandes superficies inglesas, siguió la misma trayectoria después de aliarse con Royal Bank of Scotland y crear Tesco Personal Finance.

El cambio regulatorio se produjo como respuesta a experiencias puestas en práctica por algunas empresas. El caso más significativo fue el de la empresa Hanco que logró el apoyo de Woolwich, un antiguo especialista hipotecario convertido en banco, para operar cajeros automáticos en 1998. A partir de ahí la regulación permitió que empresas independientes pudieran trabajar directamente en LINK, la red única de cajeros en Gran Bretaña, la misma que actualmente es la red con mayor volumen de transacciones del mundo. Al "levantarse la veda" entraron otros independientes, duplicándose en cinco años la capacidad instalada. Así, a día de hoy entre el 50 y el 60 por cien de los cajeros automáticos en el Reino Unido están operados por intermediarios independientes no financieros, cifra que apenas ronda el 15 por ciento en España. Es decir, el notable aumento de los cajeros automáticos en Gran Bretaña se debe principalmente al crecimiento orgánico propiciado por los intermediarios no financieros bancarios. Aspecto que contrasta con el crecimiento propiciado por bancos y las cajas de ahorro y un menor papel que aparentemente los intermediarios no bancarios juegan en España dentro de la operativa de cajeros automáticos.
Sin embargo esta apreciación toma una nueva dimensión si consideramos que en Gran Bretaña los independientes apenas representan el 5 por ciento del volumen de transacciones. Para ellos resulta rentable un cajero con menos de una decena de operaciones diarias, debido a los bajos costes de unos equipos que ofrecen reducidas prestaciones (y que incluso a veces es propiedad del minorista). Por su parte, los intermediarios financieros se ven obligados a ofertar un servicio global al cliente, sus equipos deben ser multifuncionales y el alquiler que se paga por parte de las entidades financieras a los comerciantes, aeropuertos, estaciones de ferrocarril, etc. es cada vez más elevado. En consecuencia, el coste operativo y la estrategia de los intermediarios independientes y de los financieros es muy diferente.
El sistema que administra las redes de pagos en España se inscribe en una tradición muy diferente de la británica. Estas redes históricamente han estado integradas por intermediarios bancarios. Todas las instituciones que emiten tarjetas de pago pertenecen a una de las tres redes de proveedores existentes en la actualidad. Las organizaciones gestoras del tráfico generado por las tarjetas bancarias de pago son ServiRed, que cuenta con 102 miembros, Sistema 4B (31 miembros) y Euro 6000 (35 miembros). Esta última es la marca registrada de las cajas de ahorro españolas. Las tres redes son absolutamente compatibles, de ahí que las tarjetas emitidas por una entidad de crédito perteneciente a cualquier red puedan utilizarse en los cajeros automáticos o en las TPV, independientemente de la red a la cual pertenezcan.
Sin obtener conclusiones precipitadas, lo que sí resulta evidente es que la vía española ha permitido situar al conjunto del sistema bancario a la cabeza de la instalación y uso de los cajeros automáticos en Europa. Entre 1971 y 1979 se produjo el punto de arranque de los tres operadores de medios de pago bancarios españoles.
Cada uno de estos operadores gestiona su respectiva red y a través de acuerdos bilaterales han conseguido plena interoperabilidad entre los tres. Las liquidaciones entre los tres operadores se realizaban por medio del Sistema Nacional de Compensación Electrónica (SNCE), pero desde enero de 2005 el Sistema de Liquidación del Banco de España (SLBE) es quien interviene como un sistema vinculado más.

A la tradición colaborativa de alguno de los operadores, como son las cajas de ahorro y la CECA, se une el esfuerzo desarrollado hace más de una década por el conjunto de intermediarios bancarios españoles en el sentido de ofertar fórmulas de co-branding a través de Visa y MasterCard por ejemplo. Estas condiciones sitúan a España en una posición mucho más alineada que otros países europeos frente a la reciente puesta en marcha de una zona única de pagos para el euro (SEPA).
Obviamente, esto supondrá importantes transformaciones en lo que respecta al panorama europeo de pagos al por menor y exigirá esfuerzos de adaptación a todos los países. España presenta una acusada diferencia respecto a la eurozona en el uso del débito y el crédito para las transacciones de pago. Las tarjetas de crédito se usan preferentemente en operaciones de pago por bienes y servicios, mientras que las de débito se dirigen a la extracción de efectivo en los cajeros.
En España la incidencia de los intermediarios no bancarios ha sido más tardía y su intervención es difícilmente separable de la operativa bancaria. Sin embargo, se están expandiendo con inusitada fuerza en los últimos tiempos terminales que no están bajo el control de las entidades financieras, sino de los propios comerciantes. Las primeras empresas en disponer de una infraestructura propia para la gestión de medios de pago fueron los grandes de la distribución española, como El Corte Inglés o Carrefour. Estas empresas ahorraban a las entidades bancarias la tasa de intermediación y disponían de un sistema centralizado de datáfonos que les permitía al final del día un apunte bancario. Sin embargo, en este terreno se están experimentando innovaciones.
En España algunos colectivos de pequeños comerciantes están poniendo en marcha infraestructuras que hasta hace poco sólo estaban al alcance de los grandes de la distribución. El proyecto de la Confederación Española de Empresarios de Estaciones de Servicio CEEES empezó en 2001 y ha supuesto que 4.000 gasolineras facturen pagos con tarjeta con infraestructura propia. Han instalado el datáfono fabricado por la compañía belga Banksys, que permite operar a través de línea RDSI y con tarjeta de comunicaciones GPRS (telefonía móvil). Con otros socios tecnológicos, entre los que se encuentran El Corte Inglés, los pequeños empresarios de gasolineras han abierto una brecha en las operadoras de sistemas de pago clásicas. El horizonte en España empieza a ampliarse y lo que eran diferencias con otros países, como Gran Bretaña, ya no lo son tanto.

A partir de las reflexiones que presentamos en estas líneas creemos que hay que tomar buena nota de que el "gap" en la relación anglo-hispana en el tema de los cajeros está disminuyendo (en cifras absolutas y relativas, aunque sólo en cifras absolutas los británicos en 2006 han superado a los españoles), probablemente porque en España los intermediarios financieros han tocado techo y empieza quizá a haber cierto exceso de capacidad instalada. Mientras que el número de cajeros, tanto de intermediarios financieros como de independientes, vuelve a estabilizarse en el Reino Unido.
Sin embargo estos temas no se pueden tratar exclusivamente desde el punto de vista de los cajeros automáticos, pues aunque pueden ser una línea de negocio exclusiva para los operadores independientes la interopera-bilidad también es contingente a lo que pase con los TPV y las diferentes tarjetas de débito, crédito, prepago y tarjetas monedero. Aún más, el potencial de cualquiera de estos dispositivos y medios de pago se amortigua al considerar los distintos modelos desarrollados en los últimos años al amparo de los sistemas de comunicación electrónica (sistemas de pago con móvil, e-payment, las cadenas de conveniencia o sistemas como el puesto en práctica por la cadena norteamericana 7-Eleven en 2001).
Finalmente, el universo de los sistemas de pago se altera todavía más al considerar el potencial de países emergentes como China e India. Por tanto, estamos ante un horizonte futuro más complejo que puede perturbar el enfoque aquí planteado.
Notas
1 El trabajo de investigación en el que se fundamenta este artículo se beneficia del apoyo financiero de la British Academy (LRG-41806), así como de la información proporcionada por la Confederación Española de Cajas de Ahorro.
2 La Revista de Finanzas y Banca, nº 123 (octubre 2007), pp. 31-33.
3 Departamento de Sistemas de Pago del Banco de España, "Evolución en España de las tarjetas como medio de pago (1996-2004)", Estabilidad Financiera, 8 (2005).
4 Nótese que las series estadísticas de este artículo son de elaboración propia en base a información proporcionada por la CECA y APACS. El lector encontrara discrepancias con aquellas estimadas por tras fuentes tales como Retail Banking Research o incluso el Banco Central Europeo. |