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 Daniel Melo En vista de las últimas noticias que han aparecido en los medios de comunicación relacionadas con robos masivos de datos de tarjetas de crédito en establecimientos comerciales y en otras organizaciones, uno de los motivos de alarma ha sido el siguiente: sólo un pequeño porcentaje de las tarjetas en peligro han sido victimas de acciones fraudulentas. (F&B 140, febrero 2010)
En principio, puede parecer tranquilizador el hecho de que sólo una baja proporción de datos de titulares de tarjetas de crédito son puestos en peligro para realizar acciones fraudulentas. Sin embargo, en realidad existe un motivo de preocupación que crea una situación peligrosa, cara y desconcertante para los titulares de tarjetas y para los consumidores.
Los costes de sustitución varían desde 3,50 a 30 dólares por tarjeta. Estos gastos pueden tener unos efectos extremadamente negativos para cualquier tipo de institución, dependiendo del alcance del peligro. También hay que considerar la erosión de la confianza del cliente a la hora de calcular el total de gastos ocasionados por este tipo de acciones, lo que crea una necesidad inmediata para restaurar la confianza en la seguridad y en la comodidad del pago con tarjetas, tanto de crédito como de débito.
Reducción del impacto en la fidelidad del cliente
La idea de una respuesta sin demora y efectiva ante las amenazas masivas debería ser una pieza clave en la reticencia del sector de los servicios financieros, relacionada con la proliferación de leyes de aviso promulgadas ahora en los distintos niveles de gobierno. Los emisores de tarjetas de crédito están preocupados porque los avisos a gran escala indiferenciados podrían alarmar a muchos clientes de forma innecesaria, pudiendo provocar unas reacciones en exceso que podrían ser la causa no sólo de gastos para los clientes, sino también de una volatilidad no deseada del mercado.
Algunas pruebas de instituciones financieras afectadas por estos peligros a gran escala ofrecen apoyo a esta posibilidad de un impacto negativo en el portfolio. Sin embargo, las compañías pueden realizar muchas actividades hoy en día para reducir los impactos negativos en la fidelidad de los clientes.
Soluciones para detección de intrusiones pueden sustituir los avisos no diferenciados y generales por identificaciones informativas y útiles sobre el nivel de riesgo de fraude para cada cliente, además de las acciones que deben llevar a cabo para mitigar dichos riesgos.
Con el empleo de los medios para responder de forma apropiada a las amenazas masivas, en relación al riesgo real de las cuentas individuales, el sector de los servicios financieros puede también reducir la demanda de soluciones legislativas.
Bloqueo frente a Monitorización
Muchos emisores de tarjetas tienen dificultad con las opciones que se les ofrece a la hora de ocuparse de las tarjetas expuestas de alguna forma de robo de datos. Las asociaciones de tarjetas identifican millones de tarjetas todos los años marcadas como tarjetas "en riesgo". El hecho de estar en riesgo no significa que dicha tarjeta pueda utilizarse para realizar acciones fraudulentas, sino que ofrece una buena razón para monitorizar detenidamente dicha tarjeta para detectar cualquier conducta sospechosa.
Los expertos sugerimos que todas las tarjetas en riesgo deberían cargarse en la lista de elementos destacados del sistema para detección de fraudes, para que cualquier actividad no autorizada pueda ser identificada con la mayor rapidez posible. Una lista de elementos destacados es un buen método para monitorizar una amplia cantidad de tarjetas hasta que tengamos el tiempo suficiente para bloquearlas y volver a emitir nuevas tarjetas.

Las tarjetas en riesgo que no se bloquean y vuelven a emitir deberían siempre cargarse en la lista de elementos destacados del sistema para detección de fraudes para monitorizarlas y detectar cualquier actividad fraudulenta futura. Este ejemplo de plan de acción indica la estrategia de monitorización/cierre y reemisión de un emisor de tarjetas.
El bloqueo no es siempre necesario, pero la puesta en marcha de una estrategia de monitorización de fraudes proactiva y en constante cambio resulta esencial para todas las organizaciones emisoras de tarjetas.
Algunas otras buenas prácticas que deberían tener en cuenta son las siguientes:
> Volver a emitir en primer lugar las tarjetas que aparecen en los informes de "bloquear y volver a emitir" que se encuentren pendientes de la fecha de caducidad. La reemisión un poco antes de las tarjetas puede reducir las pérdidas por ataques estratégicos basados en tarjetas cerca de su fecha de caducidad.
> Volver a emitir las tarjetas de cuentas de personas con grandes patrimonios para reducir pérdidas. Esto puede tener sus ventajas si BIN únicos han sido asignados a las cuentas de esta categoría. Estos clientes también generan la mayor parte de intercambios y tienen unos patrones de gasto muy poco habituales. Es muy importante hacer que la tarjeta de su compañía sea la más utilizada por estas personas.
> Rechazar en tiempo real transacciones fraudulentas para disuadir rápidamente a los delincuentes a la hora de utilizar para sus acciones las tarjetas emitidas por su institución. Habitualmente, los delincuentes dejan de utilizar antes las tarjetas de una organización si ven rechazadas las transacciones.
> Determinar el porcentaje de cuentas víctimas de fraude que usted considera excesivas, para tomar una decisión apropiada antes de poner en marcha una estrategia a largo alcance para bloquear y volver a emitir las tarjetas. |