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Revista de Finanzas y Banca
Fabricando el futuro verde Imprimir E-Mail Compartir

Las compañías verdes más destacadas están recurriendo a diversas tecnologías —como la gestión del rendimiento, de los activos empresariales, de la cadena del suministro o del ciclo de vida del producto— para tomar decisiones estratégicas relacionadas con la responsabilidad medioambiental. (F&B, 132, septiembre 2008)

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José Luis Vicente
Los fabricantes que piensan en el futuro han adoptado prácticas verdes para satisfacer a sus clientes, cumplir con las diversas normativas y promover relaciones positivas con la comunidad. Muchas de estas compañías se han dado cuenta —muchas veces para su sorpresa— de que las iniciativas verdes son más que una buena práctica ciudadana, siendo positivas también para los negocios. Estas compañías han desarrollado procesos internos rentables que animan a administrar el entorno, y que traen consigo cada vez más oportunidades de negocio que generan beneficios en aquellos productos y servicios con los que los clientes desean ser más respetuosos con el medio ambiente.
Hasta ahora, se imponía una actitud totalmente opuesta. Los escépticos defendían que las prácticas verdes provocarían que los costes se incrementasen de forma drástica, lastrando el crecimiento. No obstante, los diversos informes sobre la contaminación en los mercados emergentes, el calentamiento global, los peligros de los productos tóxicos, lo limitado de los recursos naturales y los crecientes costes energéticos han situado a la concienciación sobre el medio ambiente en un primer plano, por lo que es necesario centrarse en encontrar soluciones rentables y beneficiosas en este aspecto. 

Los dirigentes empresariales han captado el mensaje, máxime estando la regulación medioambiental ya a la vuelta de la esquina, y para mantenerse en cabeza, muchos fabricantes han empezado a poner en práctica procesos de negocio y sistemas de reporte que están incluso por encima de los requisitos que se avecinan; los más intrépidos han movido ficha con rapidez para situarse en una posición privilegiada a medida que la legislación cambia, estando ya preparados para alcanzar una cuota cada vez mayor en los nuevos mercados emergentes. 

No cabe duda de que la revolución verde ocupará un lugar principal en los desafíos y oportunidades de negocio venideros, pues los recursos de los que disponemos son limitados y se espera que la población mundial se duplique en las próximas cuatro décadas, a la vez que la demanda de bienes manufacturados seguirá creciendo en torno a un 6%. Así, surgirán nuevas oportunidades para que las empresas puedan desarrollar productos y servicios que den respuesta a este crecimiento escalonado y minimicen gradualmente el impacto producido por los que habitamos el planeta. En definitiva, esta transición hacia lo verde ya no es un problema, sino la solución, pues la industria de la fabricación es de hecho el mayor responsable directo de las emisiones de carbono y el mayor consumidor de energía. Por ello, es necesario apostar por la innovación, la investigación, la planificación, la acción y la inversión, a grandes rasgos.

Cambio de mentalidad
La planificación estratégica verde requiere del apoyo y la colaboración de toda la compañía, con especial énfasis en la cadena de suministro e involucrando áreas como las de la obtención y gestión de materiales, la producción, el envío y recepción o las ventas y el marketing, entre otras. En dicho proceso, los grandes fabricantes y los consumidores también deben estar inmersos desde el principio, para facilitar una transición más rápida y eficaz hacia lo verde. 
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Aquellos que tienen la responsabilidad de gestionar los proyectos verdes deben empezar a pensar en términos de procesos de negocio en su conjunto, y no sólo en input y output, para mantener resultados duraderos. Por ejemplo, no se trata de si una aprobación puede dejar de imprimirse en papel para pasar a ser electrónica, sino de pensar incluso en si es necesario contar con dicha aprobación. La ventaja real y duradera viene de agilizar los procesos, más que de minimizar el input y el output. Centrando la atención reducimos el impacto medioambiental y la utilización de materiales, así como el tiempo, el transporte, la energía y el capital humano empleados. 

Tras encargarnos de los procesos más básicos, la estrategia debe centrarse en facilitar la gestión, en las operaciones de fabricación y en otras actividades internas de la compañía. Una vez que los procesos internos estén bajo control, los fabricantes deben pasar a desarrollar productos verdes, planificando y posicionando su lanzamiento desde un principio fijando un plazo basado en los ciclos actuales de desarrollo de tales productos. Gracias a este enfoque, el progreso alcanzado con el desarrollo de productos verdes puede lograrse al mismo tiempo que la compañía pone todo en orden en su organización interna.

Apuesta por la tecnología
La puesta en marcha de cualquier cambio estratégico en una compañía debe cimentarse sobre información y datos precisos, pues en caso contrario dicho cambio puede resultar tremendamente dañino. Para ello, hay que atender a la información sobre el consumo de recursos, la gestión de emisiones, el rendimiento de los activos, la utilización del espacio y otros recursos de capital. En consecuencia, las compañías verdes más destacadas están recurriendo a diversas tecnologías —como la gestión del rendimiento, de los activos empresariales, de la cadena del suministro o del ciclo de vida del producto— para tomar decisiones estratégicas relacionadas con la responsabilidad medioambiental, entre las que se incluye el consumo energético: 

ImageGestión del rendimiento: en base a lo expuesto, el posicionamiento verde y la capacidad de transformar y monitorizar eficazmente la organización resultan críticos para el éxito. Las aplicaciones para la gestión del rendimiento dan cobijo a dichos esfuerzos y ayudan a las empresas —sobre todo a las multinacionales- a enlazar su estrategia verde global con planes operacionales específicos y a mejorar el rendimiento general del negocio. Así, se pueden alinear las estrategias con los recursos y acciones que se pueden medir y monitorizar fácilmente, pudiendo compartir dicha información en toda una organización. 

Gestión de los activos empresariales: una compañía con un programa de gestión de activos empresariales dispone de información sobre el consumo de energía de su maquinaria y otros activos, algo imprescindible para la conservación de la energía. Los negocios necesitan contar con tecnología que recopile información sobre todos los activos de sus instalaciones -unidades de calefacción y refrigeración, neveras, calderas, iluminación y cualquier cosa que consuma energía- y establecer las pautas convenientes para planificar un mantenimiento óptimo y los reemplazos necesarios en base al consumo de energía. De esta forma, los fabricantes pueden llegar a ahorrarse hasta 90 centavos por cada dólar de costes operativos, logrando reducir el gasto total en energía y aumentar tanto el rendimiento como la vida útil de sus activos. 

Gestión de la cadena del suministro: Una de las oportunidades verdes más significativas guarda relación con toda la cadena de suministro, siendo fundamental trabajar con proveedores y clientes para encontrar nuevas formas de poner los productos en las manos del consumidor con eficacia. En toda la cadena de suministro se producen oportunidades para reducir el consumo de energía y las emisiones, por lo que reducir, revisar, reciclar y renovar se han convertido en conceptos fundamentales a la hora de replantearse la estrategia de la cadena de suministro. Entre los ejemplos de oportunidades a corto plazo, se incluye el diseño de nuevas formas de transporte y redes de distribución que utilicen menos combustible y requieran de un menor uso de instalaciones para el almacenamiento y la distribución, optimizando el tiempo de entrega e incluso dándole la vuelta a la tendencia actual de recurrir al outsourcing. 

Gestión del ciclo de vida del producto: Muchas de las ventajas que se producen al cambiar ciertas prácticas repercuten directamente en términos de coste, pero el movimiento verde ofrece nuevos generadores de beneficios de dos formas más: alterando la línea de productos existente y creando nuevos productos para mercados actuales y nuevos. En ambos sentidos, las compañías deben tener en cuenta los materiales con los que cuenta y los procesos actuales, siendo los datos y el modelado la clave para dar con decisiones sólidas coste/beneficio en este aspecto. La flexibilidad y la velocidad en el proceso de desarrollo del producto serán cada vez más importantes a medida que el número de imperativos medioambientales se incremente y las nuevas tecnologías posibiliten la llegada de procesos y productos más respetuosos con la naturaleza. 

Siendo uno de los asuntos que más está dando que hablar este año, las compañías que no hayan definido ya su estrategia verde harían bien en actuar de inmediato, mejor que esperar a que la legislación o las exigencias del cliente así lo requieran. Los mercados están cambiando y no dejan de producirse nuevas oportunidades, por lo que ser verde ya no es sólo una postura altruista, sino que se ha convertido en una estrategia para tomar ventaja competitiva y generar beneficios en nuestros negocios.

 
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