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Uno de los factores característicos de esta sociedad es la omnipresencia de la cultura de la innovación como forma de asegurar un crecimiento sostenido a corto plazo. (F&B, julio-agosto 2008)
Si hemos de pensar en un sector que fomenta la innovación para propiciar el cambio de la sociedad y el tejido productivo español, sin duda alguna es el de la Banca. El poder de la cultura de la innovación ha sido, desde hace años, su estrategia para viajar en el actual tren de la globalización. Según estudios recientes de prestigiosas consultoras, las entidades financieras españolas incrementaron en 2007 sus inversiones en Tecnologías de la Información un 14,7%, y su previsión de inversiones en TIC es del 40%.
A la luz de estos datos, el gasto en I+D de la Banca española ha posibilitado ser la más eficiente de la Unión Europea y la segunda de toda Europa, siendo un ejemplo a seguir por el resto de sectores. Basta decir que cinco bancos españoles se encuentran entre los 20 mejor gestionados de Europa, y su éxito reside en las inversiones en nuevas tecnologías, salarios basados en la consecución de objetivos, y a la alta preparación de la plantilla. Es evidente pues, que los bancos y cajas españoles no cejan en su empeño de mejorar, invirtiendo permanentemente en I+D y recursos tecnológicos.
Sin innovación no hay mejoras en la productividad ni aumenta la competitividad, pues en una economía global como la nuestra, el mercado sólo reconoce a las empresas con una oferta innovadora. El resto están condenadas a desaparecer. Las actividades empresariales en I+D+I permiten diferenciar productos y servicios, requisito que exige una continua política de innovación en los procesos productivos, contar con infraestructuras de última tecnología y plantillas altamente cualificadas.
La banca española, líder a nivel mundial, cuenta con una gran capacidad de inversión, que supera la de cualquiera de los otros sectores de nuestra economía. Es un sector estructurado y maduro, que sabe coordinar dos factores fundamentales para destacar, como lo hace, en el mercado competitivo actual. Por un lado, ha apostado por una política basada en la cultura de la innovación y la tecnología, seria y decidida, que le ha hecho despuntar en el mercado internacional sin perder de vista otro agente fundamental, la gestión y planificación adecuada para el aprovechamiento financiero de los incentivos que fomentan el I+D+I. Dentro de estos grandes aliados de la esfera mas emprendedora del sector privado, encontramos ayudas públicas de nivel europeo y nacional, que a través de subvenciones y otras ayudas, ofrecen un panorama del que los bancos españoles se han sabido aprovechar y lo siguen haciendo. Actualmente, programas como Plan Avanza o CDTI a nivel nacional, premian novedades tecnológicas punteras, como por ejemplo la creación de software avanzado u otras herramientas informáticas, y dentro del Plan Nacional de I+D+I, se ofrecen ayudas dirigidas a un amplio abanico de proyectos innovadores.
No obstante, no podemos dejar de mencionar el aprovechamiento por parte de este sector de las deducciones fiscales por I+D+I en el Impuesto sobre Sociedades. Estos incentivos, gracias a sistemas cada vez más depurados, no solo ofrecen una gran rebaja en la factura de Hacienda de las entidades bancarias (y de todo el sector privado), sino que preservan la confidencialidad de los proyectos, al contrario de las subvenciones, en las que la publicidad de los proyectos es un hecho, se adaptan a la coyuntura empresarial en cada momento, y tienen efectos financieros inmediatos.
Es cierto que la deducción fiscal por I+D+I está todavía muy infrautilizada en el sector privado, pero ha ido incrementando su protagonismo a lo largo de los años. Este incremento no ha sido exponencial, pero sí sostenido en parte, por la cautela fiscal de muchas empresas, y en parte por la timidez de los técnicos españoles, en cualquier caso, son las empresas bancarias, debido a su gran capacidad y actividad innovadora, las que ocupan los puestos de cabeza en planificación y estructuración de los incentivos fiscales a la innovación.

Así, desde un puesto privilegiado, el sector bancario español dedica grandes esfuerzos en la consecución, a través de la tecnología más avanzada, de los niveles de excelencia necesarios para mantener su peso en el mercado mundial. Proyectos de I+D+I encaminados a desarrollar los servicios de outsourcing dirigidos al mantenimiento y desarrollo de aplicaciones, que les sirvan como soporte o complemento de sus estrategias tecnológicas o aquellos proyectos orientados a la mejor gestión de los recursos y la adaptación a las nuevas normativas europeas, son algunos de los ejemplos.
Los bancos españoles, no obstante, no invierten en Investigación, Desarrollo e Innovación Tecnológica porque exista una ayuda pública, sea del tipo que sea, sino por la necesidad de mejorar sus estructuras productivas y sus niveles de competitividad en el mercado. No en vano las prioridades actuales de inversión en nuevas tecnologías de la Banca son: la seguridad de los sistemas de información y la mejora de la gestión del riesgo, seguido de los portales y servicios online dirigidos al cliente, así como las soluciones de atención al cliente y los sistemas corporativos.
Sin embargo, es un hecho que las empresas invierten más si parte de la factura la pueden descontar de impuestos, por lo que la deducción fiscal retroalimenta el círculo virtuoso del I+D+I. La deducción, (que puede llegar a suponer un ahorro fiscal de hasta el 70% del total de los gastos e inversiones asociadas a un proyecto), simplemente pretende primar a la empresa innovadora, frente a las unidades productivas excesivamente conservadoras, que ciertamente no es el caso del sector que nos ocupa. En este sentido, tanto la financiación pública, vía gasto público, como los beneficios fiscales, vía reducción de ingresos, se perfilan como los mejores estímulos de los gastos privados.
Con la introducción del sistema de solicitud de informes motivados, que emitidos por el Ministerio de Industria Turismo y Comercio, el CDTI, la OEPM, e IDEA, con carácter vinculante para la Agencia Tributaria, relativo al cumplimiento de los requisitos científicos y tecnológicos de los proyectos de I+D+I a efectos de la aplicación e interpretación de las deducciones fiscales por I+D+I, el Gobierno consigue eliminar la desconfianza del sector empresarial ante la utilización de la deducción por I+D+I. Cada día es mayor el número de empresas que solicitan este tipo de informes. Según datos oficiales se ha incrementado en un 61% el numero de solicitudes en el tercer año de vigencia de este sistema con respecto al año anterior, y en un 204% en relación al año 2004. En un estudio por sectores, el bancario se encuentra en el segundo puesto en cuanto a importe calificado como innovación tecnológica, el 77% del cual corresponde a proyectos de software avanzado.
Con vistas al futuro, las exigencias monetarias europeas, como las requeridas por la SEPA en relación a la desaparición de los pagos transfronterizos, o las de adaptación al nuevo marco de reciclaje de billetes e introducción de requisitos impuestos por el Banco Central Europeo (BCE), plantean al sector bancario nuevos retos a combatir meditante su mejor arma: la inversión, investigación, desarrollo e innovación tecnológica.
Debemos pues seguir el ejemplo de la Banca, fomentando la innovación entre el resto de los sectores, como una cultura esencial que favorece la competitividad y el crecimiento empresarial, insistir en que la inversión en I+D+I otorga la posibilidad de mejorar los resultados empresariales, contando con incentivos para estimular el gasto. Es fundamental que las empresas identifiquen todas las posibles vías de ayuda existentes para sus proyectos de innovación, ya sea mediante la obtención de fondos en forma de subvenciones y créditos, o deduciendo hasta el 70% de los gastos por estas actividades que pueden revertir en la empresa, acortando la deuda tributaria, y utilizándose para financiar más I+D+I, indispensable para subirnos al tren de Europa. |