 Pascale_Bang Hablar frente a un público en reuniones o en convenciones es un reto, y no entendemos porque lo pasamos tan mal. Todos tenemos un recuerdo de momentos desagradables provocados por el nerviosismo: el corazón que se embala, sensación de opresión, las piernas tiemblan, la mente que divaga, y lo peor es cuando empezamos a hablar, no reconocemos esta voz floja, sin fuerza…. (Noviembre 2008)
Nos sentimos mal en este momento, y no entendemos porque después de tantas horas de preparación del contenido con transparencias tan bonitas, conseguimos este arranque tan desastroso.
En primer lugar muchas veces lo que percibimos no esta analizado del mismo modo por el público, el va a percibir nuestro malestar pero no de manera tan dramática porque a el le pasa igual y tiene compasión.
En segundo lugar podemos mejorar este arranque y superar este momento difícil con técnicas sencillas. Tenemos que ser consciente que comunicar frente a un público no es innato y natural. Lo que es natural es la comunicación de” tu a tu”.
Cuando tenemos que hablar a más de 2 personas, pasamos a una comunicación “pública” que requiere el aprendizaje de técnicas para subir la potencia de voz, marcar las pausas, entonar, y eso no lo sabemos hacer naturalmente. A lo largo de nuestra carrera universitaria hemos aprendido que lo más importante es el “que quiero decir “y pensamos que la buena preparación de un contenido es suficiente. No nos preocupamos del “Como lo digo “y nadie nos ha enseñado a tenerlo en cuenta.
El” como lo digo “tiene algo que ver con nuestra historia personal, nuestra educación, nuestra niñez. La construcción de nuestra personalidad a lo largo de nuestra infancia va a determinar nuestro grado de timidez, nuestro sentido del ridículo, y sobre todo nuestro nivel de auto estima personal. En el momento del arranque de una presentación lo que nos jugamos no es nuestro nivel de auto estima profesional sino el personal.
Para una persona tímida, el enfrentamiento con un público es un momento violento, porque se siente expuesta a la mirada de los demás, y lo vive como un juicio. Su timidez le provoca inseguridad y le hace ver el público como un enemigo, no establece con el una relación de igualdad, casi se siente inferior…Esta inseguridad va a provocar todos los defectos en la comunicación.
En tiempo de crisis comunicar en reuniones o convenciones va a ser todavía más difícil, porque los directivos van estar sometidos a mucha presión y es fundamental evitar transmitirla a sus equipos. En estas situaciones de tensión, el cuerpo nos traiciona, y emite mensajes a pesar de nosotros.
Hablando de pie nos balanceamos de una pierna a la otra , lo que transmite una falta de firmeza, sentado cruzamos las piernas debajo de la silla y nos echamos en la mesa con los hombros encogidos y las manos cruzadas, lo que es una postura de protección.
El miedo provoca una mirada tensa que puede parecer agresiva. La tensión se refleja en las mandíbulas y en la boca, hablamos entre los dientes con poca vocalizacion y una voz floja. Y lo más común es la respiración emocional acelerada que provoca un ritmo de palabra tan acelerado que hablamos como una metralleta, así que llegamos a la conclusión mientras el público intenta entender la primera frase. Para resistir a la presión mental provocada por el nerviosismo, tenemos que aceptar que comunicar frente a un público no es natural y requiere el apoyo de técnicas.
Siempre insisto en mis cursos sobre la necesidad de hablar con un personaje “público “que va aceptar la sobreactuación necesaria al enfrentamiento con un público tanto en reuniones como en convención. Este personaje es como un disfraz mental que utilizamos para proteger nuestro ser íntimo, hablamos en nombre de un cargo y de una empresa con un objetivo único: captar la atención del público y convencerle.
Preparar una presentación es también ensayar previamente el arranque en su despacho para acostumbrarnos a una potencia de voz más alta, marcando los silencios cortos dentro de las frases para destacar palabras claves y largos para marcar el punto final, es dibujar en el espacio algunas palabras para captar las miradas. Si preparamos bien este arranque, podremos dedicar más atención al público. Habéis visto un actor que escribe el guión mientras actúa ¿no?, pues es igual en una presentación, tenemos que liberarnos del texto para interpretarlo mejor, potenciando todos los recursos de comunicación.
Para concluir insistiré sobre la complejidad del ser humano, complejidad debida a su historia, su cultura, su educación. Cada uno de nosotros tiene niveles distintos de resistencia al cambio. Aprender técnicas de comunicación es descubrir todo el potencial que tenemos inhibido, reprimido por falta de confianza en nosotros y en nuestra capacidad de cambio.
Lo más apasionante en mi papel de formadora es identificar este nivel de resistencia y encontrar la llave que va abrir el camino del cambio para construir un personaje “público “. |