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Revista de Finanzas y Banca
La importancia del reciclado del efectivo. Normativa y negocio Imprimir E-Mail Compartir
Escrito por Antonio Escobar. Director Comercial de BANQIT.   

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Antonio Escobar
(F&B, 126, feb. 2008.) Pese a la utilización de otros medios de pago electrónicos, el dinero en efectivo sigue siendo uno de los más empleados, lo que obliga a las entidades a gestionar de forma eficaz el volumen de efectivo en circulación, reduciendo los costes y dentro de unos estándares de seguridad marcados por el Eurosistema.

Posiblemente sea el reciclado del efectivo uno de esos asuntos que, ocupando una parte significativa del tiempo y esfuerzo de los profesionales, menos trasciende al gran público.

Por poner en perspectiva el asunto, hay que decir que, con carácter general y especialmente en nuestro entorno (zona Euro), se están produciendo una serie de hechos en torno al dinero en efectivo que tienen notable relevancia.

A pesar de las ya veteranas previsiones de una sociedad sin efectivo, los hechos son tozudos y demuestran, año tras año, que:

El volumen de efectivo en circulación crece de manera continua. Según los datos del Banco Central Europeo (BCE), entre Enero de 2002 y Noviembre de 2007, el valor del efectivo en circulación se ha multiplicado casi por un factor 2,8, hasta alcanzar 664,6 Millardos de Euros.

El número de transacciones realizadas en la zona Euro en efectivo es de 5 a 6 veces mayor que las realizadas por medios electrónicos.

Aún es un medio de pago competitivo. Recientes estudios realizados en el Benelux, demuestran que, a pesar de que su coste es más evidente, el coste agregado por transacción realizada en efectivo es incluso inferior al del "plástico".

En resumen, el efectivo es todavía muy atractivo para los ciudadanos por diferentes razones, que se pueden sintetizar bajo el epígrafe "conveniencia". Es más, en un mundo globalizado, el peso de las economías emergentes, hace que la balanza se incline aún más a favor de este viejo conocido que es el dinero en efectivo.

Una vez comprobado el hecho de que la migración a una sociedad sin efectivo no es un asunto que previsiblemente se sustancie en un plazo breve (más bien lo contrario), la permanencia del efectivo en los flujos económicos cotidianos obliga a las instituciones financieras a asumir el reto de mejorar y hacer más eficiente su manejo, reduciendo su coste y, simultáneamente, a las autoridades monetarias extremar su celo a la hora de proteger la integridad y autenticidad de este medio de pago.

Respecto de este último asunto, en la Zona Euro, el BCE viene promulgando, desde la adopción de esta moneda, normas orientadas a la facilitar detección de falsificaciones, así como a asegurar la calidad de los billetes en circulación, lo que de nuevo redunda en una mayor facilidad para la detección de falsos, por la vía del tratamiento automatizado de los billetes por equipos dotados de detectores validados por el "Eurosistema".

ImageEntre estas normas, se encuentran el artículo 6 del Reglamento (CE) 1338/2001, en el que se definen las medidas para la protección del Euro contra la falsificación, y el "Marco para la detección de billetes falsos y la selección de billetes aptos para la circulación por parte de las entidades de crédito y otras entidades que participan a título profesional en el manejo de efectivo", de Diciembre de 2004, informalmente conocido como marco para el reciclaje de billetes. Esta última norma, cuya entrada en vigor tenía como fecha límite finales de 2006, y el período transitorio para la adaptación de procesos y equipos final de 2007, fue prorrogada para Francia, Grecia, España, Irlanda, Italia y Portugal, dándose en el caso de nuestro país, un período que va desde 2006, hasta finales de 2010, con un modelo de adopción progresivo en función de porcentajes de efectivo tratado.

El objetivo de esta última es establecer normas comunes para el reciclado local del efectivo, aliviando la pretensión original de que todo el efectivo entregado al consumidor en dispensa-dores y cajeros, procediera de billetes previamente procesados en los Bancos Centrales. De esta forma el ciclo de manejo del efectivo es más eficiente y menos costoso, ya que resulta obvio que el reciclado supone un ahorro significativo de costes de transporte, manipulación, validación y encaje, frente a un modelo de circuitos paralelos, uno para el ingreso, y otro para la dispensa.

ImageDe forma muy sintética, el "Marco" establece, entre otras cosas, que el efectivo al ser dispensado a través de equipos automáticos (típicamente cajeros), tendrá que haber sido validado previamente respecto de su "autenticidad y aptitud" por máquinas de tratamiento de billetes que hayan superado satisfactoriamente las pruebas realizadas por un Banco Central Nacional. Los billetes validados manualmente, por personal formado, sólo podrán ser redistribuidos a través de ventanilla. Adicionalmente, se establecen dos casos excepcionales en los que se permite la recarga de cajeros con billetes verificados de forma manual, que son las "sucursales remotas", con un volumen de operaciones muy reducido (con un límite del 5% del total de billetes redistribuidos a nivel nacional), y caso de fuerza mayor.

Desde el punto de vista de la clasificación y tratamiento automatizado de los billetes, el "Marco", establece dos situaciones distintas, que comportan una categorización distinta:

1. Máquinas utilizadas por el cliente, es decir de autoservicio, típicamente cajeros con capacidad de reciclado del efectivo, que obliga a clasificar los billetes de Euro en cinco categorías, especificando el tratamiento de cada una de ellas, que son: objeto distinto de un billete, objetos identificados como billetes sospechosos de falsedad, billetes no identificados claramente como auténticos, billetes identificados como auténticos y aptos para retornar a la circulación y, finalmente, billetes identificados como auténticos y no aptos para retornar a la circulación.

2. Máquinas utilizadas por el personal de las entidades, típicamente recicladores de ventanilla, que obliga a clasificar los billetes de Euro en tres categorías, especificando el tratamiento de cada una de ellas, que son: objetos no reconocidos como billetes o sospechosos de falsedad, billetes identificados como auténticos y aptos para retornar a la circulación y, finalmente, billetes identificados como auténticos y no aptos para retornar a la circulación.

ImageAdemás de todo lo anteriormente dicho, se establecen otra serie de medidas operativas y de información, como son que las máquinas mencionadas anteriormente habrán de ser sometidas a pruebas que permitan a los fabricantes acreditar que se cumplen los requisitos establecidos en el "Marco", para lo que los Bancos Centrales Nacionales facilitarán el procedimiento y los billetes que permitan su realización. Los resultados de las pruebas realizadas en un Banco Central, serán válidas para toda la Zona Euro y el Eurosistema publica en los sitios Web del BCE y los Bancos Centrales la lista de máquinas que las han superado. Además se aclara que no se trata de una certificación, que además los equipos han de ser actualizables, y previendo que cada actualización implicará la realización de nuevas pruebas.

ImageA efectos de consecuencias prácticas para el negocio bancario, como agentes claves en el flujo del efectivo que son las entidades financieras, puede decirse, y esto es opinión de quien suscribe, que el BCE acompañó la puesta en circulación del Euro, de un conjunto de medidas de envergadura, destinadas a proteger su autenticidad e integridad. Estas medidas, cuyo coste, nada despreciable, se transfirió a las entidades financieras, se han racionalizado con la aparición del "marco" (y su precedente en la decisión de 2002 de autorizar el reciclado de efectivo), ya que, a pesar de que aparentemente implica nuevos costes para las cajas y bancos en el manejo del efectivo, ha abierto la posibilidad de romper la dinámica de ciclos de efectivo separados para el ingreso y la dispensa, admitiendo la única estrategia eficiente de recorte de costes en el manejo del efectivo, que es reciclado local del mismo, es decir, utilizar en los puntos de intercambio económico el efectivo que se ha ingresado por parte del público, para volver a ser dispensado de nuevo a otros usuarios.

ImageEs cierto que poner en práctica lo anterior, exige ahora la utilización de equipamiento de reciclado adecuado, y en consecuencia la realización de inversiones que, de nuevo a juicio de quien suscribe, son en general más rentables que gestionar el efectivo por la vía del coste, manteniendo la primera pretensión de tener ciclos separados para el ingreso y la dispensa.

De esta manera, existen ya en el mercado equipos de reciclado para autoservicio, que han superado satisfactoriamente las pruebas determinadas por el BCE y que se encuentran operando en algunos países desde hace ya años. Algunos de estos equipos son capaces no sólo de reciclar el efectivo de acuerdo al "Marco" sino que además realizan una gestión muy optimizada de los billetes sobrantes, los sospechosos y los de baja calidad, de manera que quedan embolsados automáticamente en paquetes termosellados identificados debidamente y sin necesidad de manipulaciones adicionales.

ImageTambién, y de cara a reducir los costes de inversión en autoservicios recicladores, la solución de disponer de múltiples caras de atención al cliente, operando un único núcleo de reciclado, aporta numerosas ventajas, desde la ya mencionada de reducir el coste por cara de atención al cliente, hasta facilitar una mejor gestión de colas y un mayor equilibrio entre flujos de ingreso y dispensación. A título de ejemplo, podemos atender a 12 clientes por 2 caras especializadas en dispensación, en el tiempo en el que otro realiza una operación de ingreso en una tercera, siendo muy plausible que el importe de ese único ingreso equivalga al de los 12 reintegros, es decir, nos permite acercarnos al paradigma del reciclado local minimizando el coste de transporte y manipulación de efectivo.

 
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