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Revista de Finanzas y Banca
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Josep Soler Albertí
Josep Soler Albertí
(F&B, 129, mayo 2008) La variedad de productos ofertados por el sistema financiero español no se coordina en todos los casos con el conocimiento y uso de los mismos por los inversores. Por ello, el asesor financiero juega un papel de entrenador personal para mantener óptimo el músculo financiero de cualquier persona.

España, dotada de un sector financiero privilegiado en Europa por su pujanza e innovación en tantas áreas de negocio, ha llegado con algún retraso a la popularización del asesoramiento financiero generalizado para todo tipo de ahorradores o inversores. Recién salidos, en términos históricos, de una época de elevados tipos de interés que permitían rendimientos aceptables sin casi riesgo, hemos tardado mucho en exigir servicios, rentabilidad y sobre todo personalización para la prevención en nuestra salud financiera y para el diagnóstico de nuestras inversiones, que estaba reservado a grandes y medias fortunas.

Josep Soler Albertí
Josep Soler Albertí
A pesar del progreso conseguido durante los últimos años es evidente que todavía queda mucho camino por recorrer en este terreno de universalizar el asesoramiento financiero a la hora de invertir. Tenemos un perfil de inversión promedio excesivamente conservador; algunas gamas de productos financieros claramente desterrables por ineficientes y caros, perviven en nuestro catálogo; persisten bolsas demasiado grandes de analfabetismo financiero y los niveles de previsión complementaria son totalmente insuficientes. Son sólo algunas de las deficiencias crónicas en nuestra salud financiera que requieren remedios paliativos y por qué no, su curación definitiva aunque sea a relativo largo plazo.

La diversidad e innovación del sistema financiero español no coincide con un uso diverso e innovador del mismo porque no hay conocimiento por parte del inversor particular de todas las posibilidades de generación de rendimientos que ofrece. Y el vehículo, el instrumento para hacer que esa oferta de servicios sofisticados se acerque a una demanda igualmente sofisticada, es el asesor financiero accesible para cualquier inversor, sea cuales sean sus características o el volumen de dinero que maneje. Un asesor que actúe a modo de entrenador personal para mantener óptimo el músculo financiero de cualquier persona.
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Al asesor financiero hay que exigirle unos conocimientos, una ética y una responsabilidad en su quehacer diario que son de difícil regulación, pero que la sociedad demanda de forma clara. En el año 2000 un grupo de profesionales del asesoramiento financiero creamos en Rotterdam la Asociación Europea de los Asesores y Planificadores Financieros Personales (EFPA), que ya está presente en quince países. La división española tiene su sede en Barcelona. Se trata de uno de los raros proyectos profesionales asociativos de este país que, sin un respaldo legal, sin un monopolio o concesión administrativa, sin una subvención, sólo en base a una propuesta de autoregulación de orientación liberal y, por supuesto, a mucho trabajo e ilusión, se ha convertido en una evidente historia de éxito. EFPA España tiene más de 5.000 miembros asociados y con la certificación eFA, lo que garantiza esos conocimientos y esa cultura de la responsabilidad y de la ética que mencionaba. Su número crece de forma espectacular. En 2007, más de 4.000 profesionales del sector financiero, tras varios meses de esfuerzo formativo personal, acudieron a las pruebas celebradas simultáneamente en unas veinte ciudades españolas para obtener la certificación europea eFA o para avanzar hacia ella con el diploma español DAF. Recordemos que de forma totalmente voluntaria y nunca obligatoria. Son cifras que reflejan, ante todo, el formidable esfuerzo de entidades y profesionales financieros para dar un giro copernicano a la manera en que se aconseja o asesora a los clientes en este país. 

ImageHasta ahora los avances y la materialización de la realidad de EFPA se han conseguido sin recurrir al sector público, al que además se le ha evitado enfrascarse en una traumática e incómoda sobrerregulación. Sin embargo, ante lo ya conseguido, convendría exigir una mayor complicidad, que no intromisión de la Administración. Aunque sólo sea por los generosos, amplios y beneficiosos servicios prestados.

 
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