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Sindicación

Revista de Finanzas y Banca
El Camino hacia la Reconversión Bancaria Imprimir E-Mail Compartir

ImageSi se dice que España está en crisis a nadie debería sorprenderle. En una situación inicialmente marcada por el desbarajuste del sistema financiero a nivel global, los efectos no han sido los mismos para todas las economías. El sistema bancario español salió indemne al comienzo de la crisis bancaria al no haberse visto fuertemente afectado por las ya famosas hipotecas subprime. Sin embargo, a lo largo de estos dos años de “Gran Depresión”, han salido a la luz otras deficiencias que permanecieron ocultas durante la etapa de bonanza económica. (F&B, mayo 2010)

La amplia red comercial, que en tiempos expansivos de concesión generosa de créditos, sobre todo al sector inmobiliario, aportó tantos rendimientos a la banca, ha invertido su efecto, convirtiéndose en uno de los mayores lastres que a día de hoy penalizan las cuentas de resultados de bancos y cajas. Esta sobrecapacidad supone una importante fuente de ineficiencias si relativizamos los crecientes costes de capacidad instalada en relación a los, en numerosos casos, menguantes ingresos. Este síntoma se acentúa aun más en las cajas de ahorros que, animadas por la bonanza económica, abrieron multitud de oficinas para acercarse a sus clientes. Estas oficinas resultan ahora complicadas de sostener para aquellas entidades más afectadas por este sobredimensionamiento.

Si sumamos a esto el descenso de los ratios de liquidez y solvencia o el continuo aumento de la morosidad proveniente de aquellas generosas concesiones, nos encontramos con un panorama bastante desalentador para las entidades financieras y, por ende, para la economía española en general.

Parece pues claro que no existe otra salida al final del túnel que la tan en boga reconversión bancaria. Ahora bien, ¿en qué términos y bajo qué circunstancias debe llevarse a cabo la misma?

Es aquí cuando el Banco de España, auspiciado por su comitiva europea, interviene con reformas, no se sabe hasta qué punto revolucionarias y, entre otras medidas, constituye el FROB con el objetivo de ayudar en los caros procesos de reestructuración e integración de entidades financieras. Este mecanismo, hasta el momento y a falta de menos de tres meses para la finalización del plazo para la concesión de ayudas, solo ha confirmado su apoyo a tres procesos de integración entre cajas de ahorros. No obstante, estos tres procesos aún están pendientes de valoración por la Comisión Europea y de la no oposición del Ministerio de Economía y Hacienda, lo que podría alargar aún más este complicado camino a la reconversión. Si estas tres operaciones se aprueban y no se incorporan otras cajas a procesos similares, el mapa bancario pasaría a estar compuesto por cuarenta cajas de ahorros frente a las cuarenta y cinco existentes en la actualidad, lo que no aportaría gran cosa a la pretendida nueva imagen del sistema financiero español.

El haber iniciado a un ritmo tan pausado el proceso de reconversión tiene consecuencias directas sobre la salud económica del país, dada la enorme interconexión existente entre ambos ámbitos. Es por ello que se convierte en imprescindible que el sistema bancario pise el acelerador a fondo, y no para correr un sprint, sino para comenzar a caminar hacia la meta de la reconversión.

Cajas y bancos deberán soportar el peso de las previsibles nuevas regulaciones internacionales, como Basilea III que, según los primeros indicios, requerirá a las entidades financieras un mayor capital de buena calidad, duplicando las exigencias de Tier 1 con respecto a su antecesora, Basilea II. Por ahora, esto no supone un gran reto para algunas entidades, sobre todo para aquellas que tienen capital privado, véase, los bancos, a quienes les basta con emitir nuevas acciones para incrementar sus recursos propios y, de esta manera, hacer frente a la nueva regulación. Pero, ¿qué ocurre con las cajas de ahorros? Hasta el momento, muchas no tienen de qué preocuparse, pues como se aprecia en el siguiente gráfico , tienen los deberes hechos. No obstante, las hay que deberán abordar un verdadero cambio a fin de incrementar el capital en sus balances.

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Fuente: Datos a junio de 2009 de la CNMV y de las entidades financieras.
*Datos Caixa Cataluyna a diciembre de 2008

Llegados a este punto, y contemplando la situación financiera de las cajas de ahorros, la pregunta que hay que hacerse es ¿cómo pueden todas ellas alcanzar los niveles de capital requerido? La solución al enigma se convierte en evidente si las cajas de ahorros pudiesen ampliar capital al estilo bancario, pero la naturaleza institucional de las mismas se lo imposibilita. El instrumento de financiación para cajas de ahorros que más se asemeja a la ampliación de capital, son las cuotas participativas, cuyo funcionamiento es similar al de las participaciones preferentes que pueden emitir los bancos, es decir, son activos financieros que representan aportaciones dinerarias y cuyos dueños pueden recibir dividendos, pero, a diferencia de las acciones, no suponen tener derecho político alguno sobre la entidad.

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José Gómez Blanco
Las cuotas participativas pueden ser aplicadas en igual proporción y con los mismos objetivos que los fondos institucionales y las reservas de la entidad. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre con la ampliación de capital, existen mayores restricciones para la emisión de cuotas participativas por parte de las cajas, ya que la emisión no puede superar el cincuenta por ciento de su patrimonio y la propiedad también se limita al 5% del total de la emisión. Estas cuotas participativas parecen una buena solución para la necesidad de recursos de las cajas de ahorros, pero la falta de voz y voto sobre la entidad y los bajos beneficios que se esperan para este año desaniman a muchos inversores que se sienten más atraídos por otras modalidades de inversión que consideran más seguras y rentables. Por ahora, la única entidad que se ha lanzado hacia la emisión de cuotas participativas ha sido la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), dejando entrever el poco tirón que estos instrumentos despiertan en el mercado.

Podemos afirmar entonces que, en lo referente a la captación de recursos, las cajas se encuentran en inferioridad de condiciones respecto a los bancos. De ahí la relevancia que adquiere el FROB en este asunto, pues parece concebirse como la única alternativa viable para obtener financiación rápida.

Sin embargo, el Fondo no parece convencer a todos y mucho menos a las propias entidades financieras, dado el excesivo coste, no solo económico, que la utilización de estos recursos supone. Un primer obstáculo está siendo el alto interés del 7,75%, al que hay que devolver las ayudas en el plazo de un lustro. Si a esto sumamos las duras condiciones impuestas, tales como obligaciones de cierre de oficinas y limitaciones a la política comercial, que no todas las cajas de ahorros están dispuestas a acatar, observamos que existen razones para que las cajas eviten en la medida de los posible entrar al trapo.

Además, si los procesos de integración están formados por cajas de ahorros pertenecientes a la misma comunidad autónoma, como es el caso de las tres fusiones aprobadas en la actualidad, puede llegar a ser un arma de doble filo. Si bien la anexión es necesaria, hay que saber jugar bien las cartas para que los beneficios resultantes no se vean diluidos. Como ya se ha comentado, el FROB impone el cierre de oficinas y si todas ellas se concentran en el mismo territorio puede suponer un significativo aumento de prejubilaciones y despidos. Una tasa de paro aun mayor castigaría la tasa de morosidad, cuya mitigación supone uno de los principales objetivos de la reconversión en su conjunto. Por último, las cajas de ahorros fusionadas podrían acabar dedicando los fondos públicos prestados a sufragar los gastos inherentes al proceso, en lugar de destinarlos para financiar las altas tasas de morosidad, afectando, por ende, a la resolución del problema de impagos.

Una alternativa más alentadora es la constitución de fusiones frías o virtuales cuya figura resultante es conocida como Sistema Institucional de Protección (SIP). Gracias a la formación de un SIP, las entidades financieras pueden mantener su personalidad jurídica y, mediante un acuerdo de solidaridad entre los propios integrantes de la SIP, se pueden salvaguardar los ratios de liquidez y solvencia requeridos en Basilea.
Esta última idea tiene como principal atractivo el gran refuerzo de las garantías, lo que se traduce en una mejor valoración por parte de las agencias de calificación, pudiendo acceder de esa manera a un crédito mucho más barato, a pesar de que se trate de una calidad ficticia puesto que las carteras de clientes no han cambiado.

Otros puntos positivos serían el aprovechamiento de economías de escala y la generación de nuevas oportunidades de negocio – si bien estos beneficios pueden verse diluidos por una falta de liquidez. Si se recurre entonces a las ayudas del FROB, estas fusiones frías no resolverían el problema de tiempo y coste. ¿Existe entonces una solución más barata?

Actualmente las cajas de ahorros buscan liquidez mediante la contratación de depósitos de sus clientes, así como la emisión de deuda con avales del Estado, pero no es bastante para satisfacer los nuevos requisitos de capital y mucho menos considerando la actual guerra fría desencadenada en el panorama bancario en la que todas las entidades, grandes y pequeñas, utilizan sus armas para alcanzar la victoria de llevarse un cliente más a casa.

Esta circunstancia nos conduce a la idea de que, a falta de una regulación más efectiva, la mano invisible de Adam Smith está actuando sobre el mercado promulgando la libre competencia en una guerra del pasivo cuyas víctimas tienen nombre y apellidos: “Cajas de Ahorros”.

El temor a que esta situación pueda llegar a ser una realidad obliga a buscar otras alternativas que faciliten la reconversión del sistema bancario y al mismo tiempo permitan que las cajas obtengan la financiación y el consecuente aumento de solvencia que le hagan posible cumplir con las exigencias basileanas. Debemos contemplar la privatización de las cajas de ahorros, eliminando, además, la problemática de la excesiva politización, reduciendo las distorsiones económicas provocadas por la gestión política y ofreciendo la posibilidad de captar recursos mediante ampliaciones de capital. Sin embargo, esto supondría un alejamiento de los principios fundamentales por los que se crearon las cajas de ahorros - en España su origen se remonta a los antiguos Montes de Piedad del siglo XVIII, creados por organizaciones católicas con el fin de ayudar a una sociedad muy castigada por la Guerra de la Independencia – y una notable pérdida de valor social.

Aunque es cierto que la privatización solucionaría el problema de la captación de recursos así como el de la ganancia de competitividad, con la consecuente mejora de los ratios de morosidad y solvencia, no podemos olvidar los loables orígenes fundacionales de las cajas, en los que una gran parte de los beneficios se invierten en obras sociales. Se plantean dos alternativas para la posible bancarización; o bien imitar al modelo noruego, en el que cada caja tendría la oportunidad de decidir el grado de privatización que desea obtener pero quedándose a mitad de camino entre el capital público o privado, o bien el italiano, que ha supuesto una plena privatización de las cajas de ahorros.

Es difícil conocer la fórmula mágica que permita satisfacer a todas las partes pero si sobre algo existe una opinión generalizada es sobre la necesidad de cambiar el sistema, fortaleciéndolo y mejorándolo, a fin de evitar en el futuro situaciones de inestabilidad similares a las vividas en los últimos meses. Los primeros pasos ya están dados, pero si ni FROB, ni SIP, ni las cuotas participativas encandilan a las cajas de ahorro como medio para obtener liquidez, ¿será necesaria una nueva normativa para incentivar esa verdadera reconversión? Todas las señales apuntan a que sí.

El límite del 1 de julio impuesto por Bruselas para las fusiones realizadas mediante el FROB, parece quedarse escaso y, por lo tanto, se confirma el temor de que esta medida no será suficiente para la implantación del nuevo sistema bancario español. Es necesario que regulador, bancos y cajas pongan toda la carne en el asador para que se produzca una transformación real y no solo se pongan pequeños parches, que habrán de mostrarse insuficientes en el próximo y seguro ciclo negativo.

La cuestión es clara, ha llegado el momento de decidir, de escoger el camino óptimo para alcanzar la meta de la reconversión y parece que hay más caminos que ganas de echarse a andar.

 
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