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(Diciembre 2009) Poco a poco el Sistema Financiero va encontrando su estabilidad gracias al apoyo del Estado. Mejorando su financiación a largo plazo, generando confianza y aportando fondos los bancos y cajas se estabilizan y se aleja paulatinamente el fantasma de la quiebra de alguno, que sería al final un gran daño para todos.
En un entorno en el que cada día cierran cientos de empresas y se producen varios miles de parados, bancos y cajas ha encontrado al calor de los fondos y la garantía del Estado una isla de comodidad que, aprovechando la solidaridad de todos, les permite no obstante ser insolidarios con cualquiera.
Ciertamente las Entidades Financieras no son ONGs sino negocios con ánimo de lucro, tanto da que sea un banco como una caja, porque en lo que se diferencian es en la forma en que se reparte ese lucro y no en la forma y en la necesidad de obtenerlo. La sociedad entera debe felicitarse de que no se haya producido ni se vaya a producir la quiebra en cadena de docenas de entidades, como podría haber sucedido si el Estado no pone calma en el mercado subiendo la garantía de los depósitos y cediendo avales y liquidez.
El Estado no tiene empacho en decir que los ciudadanos son iguales haciéndolos al tiempo distintos. Es cierto que la actividad financiera es estratégica para la economía en tanto en cuanto nada puede funcionar si los bancos y cajas se derrumban, pero no es menos cierto que cuando se ponen recursos públicos en manos de algún sujeto se le debe pedir que éstos se empleen para algún fin socialmente justificable, petición que tiene que plasmarse en algún imperativo legal que garantice su cumplimiento y no en una discrecional aplicación por súplica gubernativa.
De esta forma se está produciendo un fenómeno curioso y es que un sector del empresariado y de entidades semipúblicas se está beneficiando a costa de todos perjudicando a muchos de esos todos a los que debería beneficiar, simplemente porque nadie le ha obligado a no perjudicarles. La empresa que no obtiene financiación o le es retirada, el autónomo al que no le anticipan los fondos y ese cliente de muchos años que ya no sirve simplemente porque tiene 3 Rais que no tuvo nunca, son los muñecos rotos que desvisten muchas entidades financieras para vestir con esa ropa su estabilidad complementando los fondos que les proporciona el Estado.
Ese Estado va a tener muchos problemas a su vez para cumplir sus promesas de tan pródigo que se nos ha puesto y con tantos agujeros que tiene por tapar. Y ya se nota como el dinero no fluye: las Universidades sin presupuesto, la Sanidad debiendo medicamentos durante años, los ayuntamientos sin pagar muchas de sus facturas y, algo inaudito, los farmacéuticos buscando financiación para poder cobrar las recetas que les debe la Administración y no les paga. Y, mientras tanto, transmitiéndonos mensajes por tierra, mar y aire de que habrá para todos mucho más. Sin cumplir sus compromisos pasados promete sin empacho que adquirirá nuevos compromisos probablemente para incumplirlos igualmente.
Así, el Estado a través de sus diversas administraciones se convierte en otro factor de desestabilización general, arruinando a empresas que llevan meses, incluso años, sin cobrar sus facturas, y creando falsas expectativas en los ciudadanos sobre unas antenciones que en modo alguno presta con la diligencia y del modo meridiano y claro con que se evidencian en los discursos. Unos políticos, al fin, que de tantas cosas que prometen y quieren hacer acaban por no hacer ninguna como deben y debiendo muchas de las que hacen.
Ya estamos viendo en algún país del sur de Europa el camino que llevan los acontencimientos. Hacer creer a la gente que el Estado lo va a proporcionar todo hace que más de uno y más de dos quiera su parte y, al no obtenerla, se dedique a romper escaparates y tirarles piedras a los policías. No es por ser alarmista, pero entre los antisistema radicales de izquierda, los pobres inmigrantes sin trabajo y las capas populares en dificultades se está creando un caldo de cultivo que puede conducir a una verdadera explosión de violencia a poco que alquien encienda la mecha. Se van viendo conatos. |